Armas, y Discurso de odio

Alejandro Badillo Rodríguez

Los hechos lamentables ocurridos en el fin de semana entre 3 y 4 de agosto en Dayton Ohio y el Paso Texas, dejan graves secuelas a la sociedad global. Si bien los incidentes ocurrieron en Estados Unidos, la alarma de una reproducción de estos actos entre países es latente. ¿Por qué? Por la presencia en clave de dos ingredientes presentes en la cultura.

Las masacres ocurridas, fueron perpetradas por hombres blancos menores de 35 años, motivados por un aparente discurso de odio xenofóbico y de supremacía racial, además que se da en un contexto en donde no hay un control al acceso de armas.

Si bien ya es enfermizo el hecho de perpetrarse una masacre, se hace más preocupante cuando hay una relación causal de los incidentes globales, este año se grabó y se subió a redes sociales como un hombre entraba y asesinaba apersonas orando en una mezquita, un claro crimen de odio dirigido en contra de una cultura religiosa determinada.

La investigación sobre los incidentes en el Paso Texas que dejaron a 29 personas muertas arrojan que quien causo estos crímenes tenía la intención de asesinar la mayor cantidad de mexicanos, otro claro crimen de odio.

Si bien, las causas o móviles se centraran en enfermedades mentales de los perpetradores, hay que revisar dos componentes que son responsabilidad de la sociedad y del entorno que propicia, primero el control de armas, por ejemplo en Colombia el monopolio de las armas esta en cabeza del estado, particulares pueden tener salvo conducto para tenencia de ciertas armas, sin embargo en América Colombia es el cuarto país con mayor acceso al tráfico clandestino de armas, lo que genera un riesgo de tener ciudadanías armadas, en Estados Unidos el porte de armas es un derecho constitucional y aunque existen controles de armas, son mínimos. La facilidad para acceder armas puede generar que los ciudadanos materialicen sus frustraciones de manera violenta. Es responsabilidad entonces de las sociedades imponer restricciones para generar protección de las ciudadanías, sin embargo la permisividad del uso de las armas genera un riesgo palpable.

El otro ingrediente es el discurso de odio, que no es promovido por la periferia sino por el contrario esta impulsado por la clase política elitizada, que culpa de las causas de la pobreza o poco desarrollo económico a los inmigrantes, y presenta al mundo musulmán como enemigos durmientes de la vida occidentalizada, estos discursos de “Francia para los franceses” de Zarkosy o de hacer una “América grande de nuevo” de Trump acompañado de expulsar a la “Bad People” haciendo alusión inmigrantes ilegales, genera que los simpatizantes materialicen a su modo estas nociones a través de sucesos violentos que menoscaban los derechos de minorías, el discurso de odio y la circulación de armas se convierte entonces en un cóctel peligroso para sociedades polarizadas en donde la democracia no sirve para generar entendimientos sino para diferenciar a las ciudadanías en bandos.

De ahí la exigencia ética a los líderes políticos de no atizar odio en sus discursos, para evitar justificantes causales de aquellos que tienen trastornos mentales, es responsabilidad colectiva disminuir o erradicar los discursos que promuevan eliminar al inmigrante, musulmán, afro, etc. Para salvaguardar la pervivencia de todos.