Colombia: Año 1

Proceso de Paz Colombia
Por José Castilla

Nada surge de las cenizas. La resurrección es solo un mito. El nacimiento de una nación es un proceso tortuoso y largo, lleno de incongruencias e incompatibilidades que abundan en el camino. A veces es bueno detenernos para pensar un poco en ese mañana, en aquella utopía que queremos alcanzar ¿cuál será la Colombia nos depara el futuro? El pasado 24 de noviembre se cumplió un año desde que el grupo guerrillero más antiguo del país (FARC) firmó el acuerdo de paz con el gobierno. Fue una apuesta a la incertidumbre que todos los connacionales tuvimos que tomar. Las fichas están puestas sobre esta destrozada mesa de póker y la noche que nos espera es larga.

Este primer aniversario ha recogido una gran cantidad de hechos tan disímiles y dispersos que pareciese imposible hacer un recuento que los hile conjuntamente. Pasamos de las extorsiones en los campos y llegamos a las extorsiones legislativas. Vimos caer las armas que tanta sangre derramaron en nuestro país y pudimos observar los rostros de hombre y mujeres que se escondieron en ese tiempo congelado que osamos llamar guerra. Escuchamos a las víctimas pedir la paz a gritos, vimos a los victimarios llegar al capitolio y escuchamos voces de millonarios belicistas pedir por más guerra y más muerte. E incluso pudimos comprobar que el falso honor de una persona poderosa puede llevar a la destrucción de este proceso de transición hacia la paz que tanto nos costó montar.

Hoy 344 municipios del país (el 53% del territorio nacional) buscan levantarse de los escombros. Más de 8 millones de víctimas registradas esperan pacientemente por su reparación y casi 10 millones de votantes divididos tienen miedo por el desasosiego que genera un futuro incierto. Los guerrilleros protestan por sus vidas, los militares protestan por su legitimidad, los paramilitares y narcotraficantes se aprovechan de la incertidumbre, los líderes sociales siguen siendo asesinados y los políticos siguen mostrando su cara más vil frente a las desgracias de una nación que aún no ha terminado de nacer.

Ante este panorama me gusta mirar el espejo de la cinematografía. Existe una película titulada ‘Alemania: Año Cero’ rodada en el año 48, que narra las vivencias de un niño después de la caída del régimen Nazi. La desolación, la soledad y el desespero marcan esos días de niñez que intentan transcurrir en medio de una ciudad destrozada. Sin embargo, Rosellinni nos demuestra que resurgir es un proceso que no todos los seres humanos pueden superar.

A un año de la firma del acuerdo de paz, puedo afirmar que Colombia es ese niño que juega en medio de los escombros y que poco a poco comienza a entender lo que ocurre a su alrededor. Las cenizas de la guerra sepultaron mil historias que no conocimos, también nos duele aceptar que los muertos que todos pusimos nunca volverán. Los mitos que antes nos vendían ideas facilistas sobre la vida desaparecieron. Ahora solo estamos nosotros como nación, enfrentándonos a este precipicio, contemplando el resultado de medio siglo de enfrentamientos. Nos espera el horizonte y solo tenemos dos opciones ¿Enfrentaremos el desafío que este proceso de transición nos depara, o nos dejaremos seducir por la facilidad de la caída?