Reseña: La Princesa Monoke (1997) ~ Hayao Miyazaki

1997 Japanese movie poster of Mononoke Hime/Princess Mononoke by Hayao Miyazaki. ©Studio Ghibli
Por Sergio Andrés Serrato Ruiz
Antropólogo Universidad Nacional de Colombia

Está película de animación japonesa fue realizada por el reconocido artista del animé Hayao Miyazaki. El famoso director trabajó con un equipo integrado al Estudio Ghibli de animación, colaboración constante, y responsable de legados de inmensa belleza audio visual, entre los que se destacan, el Viaje de Chihiro, y Howl no Ugoku Shiro (El increíble castillo vagabundo). Mangakas y animadores han construido formas endógenas de arte nipón, que se caracterizan por su delicadeza, sus trazos estilizados y su elaboración artesanal.

El rasgo común de estas historias es la superación en medio de la adversidad. Son las epopeyas gráficas de la postmoderinidad, donde convive la tradición cultural más sólida con el uso de los medios tecnológicos más avanzados. En I Max y Dolby Surround, estos artistas nos cuentan historias del shogunes y samuráis, del señor Mikado y de la Era de la Restauración Meiji, de festivales sintoístas y de geishas. Su maestría visual no deja de estar rubricada por los maestros de antaño, como Hokusai y Hiroshige. Los pintores del Ukiyo e ("pinturas del mundo flotante",) quienes a su vez influyeron en los pintores impresionistas franceses, iniciaron sin saberlo un romance cultural entre oriente y occidente que se prolonga hasta nuestros días.

La historia se inicia en una pequeña aldea que es morada de los últimos miembros de una tribu legendaria, los Emishi. Una apacible escena bucólica se ve alterada por la intromisión de una criatura repulsiva que va sembrando a su paso la desolación y la podredumbre. Se trata de Tatarigami, un demonio compuesto de gusanos negros, seres coloidales y malignos. El engendro se desplaza y amenaza con destruir a tres niñas. Un joven valiente se enfrenta al ser perverso y tras cruenta lucha logra derrotarlo disparándole una flecha. Pero este héroe casi infantil no ha salido indemne de la contienda, uno de sus brazos, que entro en contacto con la bestia, ha sido contaminado.

El valiente protector de la aldea es el príncipe Ashitaka, predestinado para regir los destinos de su gente en la agonía de sus eras. Los Emishi descubrirán que tras los gusanos yace el dios jabalí Nago que antes de expirar proferirá una maldición. Ashitaca será examinado por una anciana sabia, que con su conocimiento chamánico determinara que la contaminación del brazo, más que una herida, es un maleficio, que se extenderá por todo el cuerpo del muchacho y terminará por quitarle la vida. El maleficio está vinculado a una bola de hierro encontrada al interior de la osamenta pútrida del jabalí, la anciana explica que la pequeña esfera metálica es la causa de la perdición de Nago, y su posterior posesión demoniaca y metamorfosis.

Aunque Ashitaka es desahuciado prácticamente por la anciana, surge una única esperanza de salvación: que el joven viaje a la tierra originaria de Nago, al oeste, y encuentre allí una cura para su mal. La vieja sabia le aconseja al príncipe que en su viaje aprenda a ver el mundo con “ojos desprovistos de odio”, y le indica que iniciará un viaje sin regreso. Le es vedado a Ashitaka despedirse de los habitantes de la aldea, y solamente Kaya, una niña hermana del príncipe, dialogará con él antes de su partida, obsequiándole al momento un amuleto, que no es más que una punta de flecha cristalina, y semeja un vestigio prehistórico de obsidiana.

Comienza el viaje del héroe, una peregrinación mítica y difícil a lomos de una curiosa cabalgadura, el noble alce Yakul En una de sus primeras jornadas, el joven coincide con unos samuráis despiadados atacando a los habitantes de un poblado. El indignado príncipe encontrara esta injusticia intolerable y disparara sus flechas, buscando disuadir a los agresores. Se iniciará una persecución en su contra a la cual responderá con nuevos disparos. Al final, su brazo afectado comenzara a convulsionarse, y al propulsar sus flechas nuestro héroe notará con sorpresa que sus disparos adquieren una fuerza descomunal. Con un solo proyectil arrancará de tajo los brazos de uno de los samuráis, con el impacto de otra flecha un adversario más perderá la cabeza. Es la otra cara del maleficio, confiere un poder sobrenatural a quien lo padece. Sin embargo, el príncipe también nota que la marca maligna de su brazo se va extendiendo purpurea por el resto de su cuerpo.

Una nueva aldea espera al protagonista de esta historia. Allí buscará paliar su hambre comprando alimentos en un mercado; pero recordemos que el príncipe pertenece a una minoría tribal que no acuña monedas, él porta oro en bruto. La vendedora se sentirá estafada, hasta que interviene un personaje pintoresco, un hombre pequeño con un rostro ancho y una característica verruga en una de sus cejas. Ataviado con karategui blanco, sin pantalón, y curiosos zapatos de madera, el misterioso intruso argumentará que la pepita de oro de Ashitaka tiene gran valor, salvando de esta manera los intereses del héroe. Así, los dos hombres se hacen compañía para continuar con el viaje. En la noche, frente a una fogata, el príncipe le mostrara al hombre llamado Jigo la misteriosa esfera de hierro extraída de la osamenta del jabalí, a lo cual el viejo responderá indicándole a Ashitaka que este objeto y los hechos conexos pueden relacionarse con la Ciudad de Hierro.

En un contexto aislado se nos presenta una nueva escena. Esta vez, un grupo de personas son atacadas por lobos blancos de gran tamaño. Estas personas portan rudimentarias armas de fuego que accionan en grupo contra los lobos, sin lograr impactarlos, pues estos son bastante ágiles. A lomos de uno de los lobos va una joven mujer, la princesa Mononoke. Finalmente uno de los lobos arremete contra una mujer que dirige al grupo de humanos, Lady Eboshi, quien utilizará uno de los cañones con efectividad, impactando al lobo blanco, lo que provoca que este caiga aparatosamente a un desfiladero, con lo que concluye la lucha. Lady Eboshi explicara a uno de sus esbirros que no se puede cantar victoria, puesto que la loba impactada, llamada Moro, al ser una diosa, no ha muerto y pronto se recuperará.

Ashitaka reanuda su viaje, avanzando esta vez hacia la Ciudad de Hierro. En esto transita a orillas de un río donde encuentra cadáveres y personas heridas. Son aquellos que combatieron contra los lobos blancos y cayeron al desfiladero. El noble príncipe auxiliará a dos de los heridos, y mientras hace esto presenciara una escena curiosa, la princesa Mononoke curando a Moro, succionando la herida que a la loba le produjo el disparo del cañón. El joven intenta hablar con la princesa, de fiero aspecto, y quien se adorna con un diseño facial de pintura roja. La licántropa repele a Ashitaka con una orden perentoria y violenta. El héroe continuara su viaje acompañado de los dos heridos a quienes socorre y entablilla. En esto se encuentran con un grupo de kodamas o ánimas del bosque propias del universo sintoísta. Los kodamas interactúan con el bosque en una simbiosis armónica, son manifestación simbólica del equilibrio sistémico propuesto por la ciencia de la ecología. Estos seres de la cosmología tradicional japonesa guiaran al príncipe a su destino, la Ciudad de Hierro.

Ashitaka es recibido como héroe en la Ciudad de Hierro luego de salvar a dos de sus pobladores. Una vez allí, se entrevista con Lady Eboshi. La dama regente le rebelara al príncipe algunos detalles sobre la naturaleza de su maleficio. La guerra entre los animales y los humanos tuvo como origen la tala indiscriminada que sufrió el bosque a manos de estos últimos con el fin de extraer el mineral de hierro de sendas minas. Los animales, acorralados, se enfurecieron al ver el estado de destrucción de su habitad, por lo cual emprendieron una defensa preventiva y activa. En una de estas batallas, el clan de los jabalíes se enfrentó a los humanos y la contienda causo muchas bajas. Fue durante esta batalla cuando Lady Eboshi hirió con su cañón a Nago, dando principio así al maleficio.

Todo tiene el contexto real del Japón que hacia tránsito del feudalismo a la restauración imperial, con una incipiente industrialización en ciernes. La cuestión medioambiental es transversal a la película, que tiende a la reivindicación de los derechos de los seres humanos a existir, pero demostrando que de estos derechos no se puede abusar, porque el perjuicio no es únicamente contra los demás seres vivientes sino contra la misma especie humana. Es el simbolismo que vemos en otras cintas de relevancia contemporánea como Avatar y El Señor de los Anillos, Las dos Torres, una interconexión entre todo cuanto existe y vive; y el ideal de sostenibilidad y preservación. La Ciudad de Hierro goza de ese estado contraste, donde el modelo de vida aldeano feudal transita hacia el de trabajo asalariado y plusvalía, con la concomitante entronización del hombre sobre la naturaleza y la perspectiva ilusoria y subjetiva de un mejoramiento absoluto en las condiciones de vida de las personas.

Los lobos dioses acostumbran a incursionar en la Ciudad de Hierro en el contexto de la guerra de humanos contra animales. Mientras Ashitaka se encuentra en la ciudad, ocurre uno de estos episodios bélicos. La princesa Mononoke, llamada San por los suyos, acude velozmente y termina envuelta en un duelo con Lady Eboshy. Los lances vienen y van y al final Ashitaka interviene quedando ambas mujeres exangües. El príncipe, encontrando perfidia en los habitantes de la ciudad, toma en hombros a la princesa Mononoke y decide marcharse. Una de las mujeres, enfurecida por los ataques reiterados de los lobos, que han dejado a su paso varios muertos, dispara un cañonazo en con el fin de tomar venganza, y con el deseo de impactar el cuerpo de San; sin embargo, el proyectil da en la humanidad del Ashitaka, quien continúa su marcha sangrando copiosamente. La puerta de la ciudad se encuentra cerrada, pero el joven hace uso de la ventaja que da el maleficio y empuja el ingenio, prodigio que deja sorprendidos a todos, pues se necesita la fuerza de diez hombres para abrir tal portal. Acompañado de Yakul abandona la Ciudad.

Cabalgando con San sobre su alce, Ashitaka va desvaneciéndose de debilidad como consecuencia de la herida y da en el suelo, donde dos de los lobos compañeros de la joven intentan devorarlo. La princesa Mononoke entra en un estado de confusión, no soporta la idea de que un hombre la haya ayudado, para ella los humanos son la encarnación del mal y ella simboliza la emancipación de la naturaleza. Su perplejidad la lleva a tratar de asesinar al indefenso príncipe, quien antes de recibir la herida mortal le dice a San que es hermosa, lo que hace que ella desista de su tentativa. Unos monos reclaman el cuerpo de Ashitaka para comerlo, pero la princesa se niega a complacerlos. De aquí en adelante, San pretende salvar al joven humano, transportándolo a una isla en el centro de un lago sagrado, donde realiza un ritual propiciatorio sembrando un retoño. También intenta liberar a Yakul, quien no se mueve de las cercanías de su amo herido.

Aparece en escena uno de los grandes protagonistas de la historia, el Espíritu del Bosque. Es un ser humanoide gigante con un manto que se asemeja al espacio sideral y una extraña cabeza como de herbívoro. Jigo, escondido entre los arbustos, afirma que es el caminante nocturno, que al amanecer experimenta una transformación convirtiéndose en un ciervo. El objetivo de Jigo y sus secuaces es atacar al espíritu del bosque y decapitarlo en cumplimiento de una orden del emperador. Al mismo tiempo, otro dios jabalí hace su ingreso acompañado de miles de sus congéneres, para entrabar batalla con los humanos en defensa del bosque, intentando el triunfo donde Nago encontró el fracaso.

Al amanecer, el espíritu del bosque, transformado en ciervo mitológico, aparece para tomar conocimiento del ritual efectuado por San. Desplazándose con paso ceremonioso y cansino, el animal legendario se acerca y cura la herida sangrante del héroe. Ashitaka se recupera tras algunos días de convalecencia en el territorio de los lobos, allí conoce por palabras del Moro el origen de la princesa Mononoke, y cómo ésta termino bajo la tutela de los dioses lobos, tras ser dejada por sus padres a los pies de la gran líder. Moro se compadeció y adopto a la niña. Finalmente la gran loba le recuerda a su huésped que debe marcharse so pena de ser ultimado, pues es un humano al final de cuentas, un enemigo que debe ser destruido.

Soplan vientos de guerra entre animales y humanos. Ashitaka intenta mediar para prevenir un conflicto devastador y de nefastas consecuencias para todos. Debe lealtad a los lobos, y al mismo tiempo es humano y simpatiza con los habitantes de la Ciudad de Hierro. Pero el odio se impone y el príncipe, aun afectado por la herida, termina resignado aceptando el sino trágico de la guerra. Por intermedio de Moro, obsequia a San su pertenencia más preciada, el amuleto, la punta de flecha cristalina. La guerra es compleja, un grupo de samuráis deciden atacar la Ciudad de Hierro con el fin de despojarla de sus depósitos de mineral. Al mismo tiempo Lady Hibashi se prepara para la confrontación contra los animales y dioses animales. Las fuerzas del emperador, comandadas por Jigo, intentan, como ya se dijo, capturar la cabeza del espíritu del bosque. El gran regente del Japón cree que con la cabeza del dios obtendrá la inmortalidad. Las mujeres quedan al cuidado de la ciudad de hierro, al tiempo que los hombres marchan a la guerra.

La contienda da inicio, muchos de los jabalíes sucumben bajo los explosivos de los humanos. El dios jabalí blanco, llamado Okkotonushi se distingue en la batalla, pero al final termina herido y emprende la retirada en compañía de San. Mientras tanto, los enviados del emperador inician su plan de capturar la cabeza del Espíritu del Bosque, recurriendo a la treta de utilizar pieles de jabalíes para simular que son individuos de esta especie. Okkotonushi, que es casi ciego y se guía por el olfato, cree que son sus congéneres que claman por regresar a la batalla, para lo cual decide partir hacia el lago sagrado para dar con el Espíritu del Bosque y conseguir su ayuda. Antes de que pueda llegar a la isla mítica, el jabalí blanco es atacado por las fuerzas imperiales. Estas acciones desencadenan la furia del Dios Jabalí, quien como Nago, ciego de odio, se transforma en un demonio hecho de gusanos. San termina herida y es absorbida por la pestilente criatura demoniaca.

Ashitaka, presintiendo las dificultades de la princesa Mononoke, parte en compañía de uno de sus hermanos lobos al bosque para encontrarla. En su camino se encuentra con Lady Eboshi, a quien informa del ataque que los samuráis están ejecutando contra la Ciudad de Hierro, pero la regente, símbolo de la humanidad materialista e inmediatista, decide colaborar con los cazadores que pretenden hacerse a la cabeza del Shishigami o Espíritu del Bosque. Sin embargo, los hombres al mando de Lady Eboshi sí regresan a la ciudad para defenderla. Moro, afectada aun por la herida recibida en la batalla del desfiladero, intenta desesperadamente salvar a San de ser absorbida por el demonio jabalí. En estas aparece Ashitaka quien hace esfuerzos desesperados por salvar a San, pero es repelido y arrojado al agua por Okkotonushi. Moro, con sus últimas fuerzas, logra salvar a su hija adoptiva de la muerte segura. San cae al lago, donde Ashitaka retira a los últimos gusanos que se pegan al cuerpo de la doncella.

Los cazadores acuerdan esperar hasta que el Espíritu del Bosque tome su forma del Caminante Nocturno, situación que lo hace más débil. Mientras tanto el jabalí demoniaco se dirige enfurecido a enfrentarse al Shishigami, pero este finalmente lo derrota, le quita la vida y al mismo tiempo el maleficio que hacía presa de él. El Shishigami se encuentra en proceso de transformación y es en este momento cuando Lady Ebashi le dispara y logra decapitarlo. La decapitación del Espiritu del Bosque es un cataclismo, la corrupción hace presa de todo cuanto está adyacente a la cabeza. Jago y sus secuaces capturan la cabeza en un recipiente, y mientras se desplazan, una mancha de desolación va arrasando con lo que encuentra a su camino, creciendo sin cesar y persiguiendo a los captores. Lady Ebashi ha pagado su osadía, la cabeza de la diosa lobo Moro desprendida por violencia de su cuerpo le ha arrancado un brazo a la orquestadora de la injusticia. El cuerpo descabezado del gigante nocturno vaga sin sosiego en pos de su cabeza.

Se inicia la persecución final, San y Ashitaka van tras los detentadores de la cabeza, liderados por Jigo. Si amanece y la cabeza sigue desprendida, el gran dios habrá muerto. Los perseguidos se ven acorralados por la gigantesca mancha destructora y deben ceder la cabeza a San y Ashitaka. Justo antes del amanecer la cabeza es liberada del recipiente y la criatura se reconfigura, transformando la devastación en renacimiento, y desapareciendo para siempre. Los dos jóvenes despiertan ilesos rodeados de un paisaje paradisiaco. Ashitaka está libre de la maldición, pero una mancha negra en su mano le queda de recordatorio de todas las aventuras que vivió. San y Ashitaka se despiden, la princesa Mononoke simboliza la naturaleza y Ashitaaka simboliza la cultura, en el viejo esquema antropológico de Levi-Strauss. Ella continuara en el bosque, acompañada de los animales en su papel de licántropo y guardián del orden natural, Ashitaka fundará una nueva ciudad libre de las trabas de la destrucción, acompañado de Lady Eboshi y los habitantes de la antigua Ciudad de Hierro. Una lección para la humanidad que destruye sin cesar aquello que la sustenta.