Reseña: Erin Brockovich (1973) ~ Steven Soderbergh

© Universal Pictures

Por Sergio Andrés Serrato Ruiz
Antropólogo Universidad Nacional de Colombia

El director estadounidense Steven Soderbergh es el realizador de esta película, escrita por la guionista Susannah Grant y basada en hechos reales. Julia Roberts es la protagonista, y gracias a su actuación fue galardonada con el premio Oscar a mejor actriz principal. La cinta también fue postulada al premio de la Academia en las categorías de mejor película, mejor director, mejor guión original y mejor actor de reparto (Albert Finney), reconocimientos que no obtuvo. Este filme, lanzado en el año 2000, fue un éxito de taquilla, obteniendo un recaudo global de 257 millones de dólares, muy rentables si se los compara con un presupuesto de tan solo 52 millones.

La película comienza presentándonos a su protagonista, Erin Brockovich, asistiendo a una entrevista de trabajo en un consultorio médico en algún lugar del muy urbanizado Sur de California. Por el dialogo que sostiene con el galeno que examina su currículo, podemos inferir que Erin es una joven desempleada crónica, dispuesta a compensar su ignorancia de protocolos e instrumentos quirúrgicos con su espíritu proactivo y su creatividad; al final recibirá una telegrafiada negativa. Después aprenderemos que nuestra heroína proviene del Sur los Estados Unidos y que no hace mucho se desempeñó como reina de belleza. Pero la ex Miss Wichita, que de seguro llegó a California en busca de cumplir grandes esperanzas, es hoy la madre de tres niños sin padre, un habitante más del Bulevar de los Sueños Rotos.

Saliendo del consultorio médico, el destartalado Hyundai Excel 88 conducido por Erin, se verá envuelto en un accidente que desencadenará una serie sucesos. Un médico imprudente que se cruza un semáforo en rojo y el concomitante latigazo cervical, harán que nuestra protagonista luzca un cuello ortopédico y de paso busque un abogado que defienda sus intereses en un proceso de responsabilidad. Hace su aparición Edward L Masry, jefe de un modesto bufete, un hombre robusto y mayor de mirada brillante. Masry, como apoderado de la demandante, hará su defensa en derecho, pero su cliente se encargará de echarlo todo a perder. Erin hará gala de su carácter irascible incurriendo en un irrespeto al juez y a los asistentes a la audiencia, situación que llevará a que su causa resulte derrotada.

Con la adversidad asomándose en el horizonte, Brockovich sentirá el peso de la presión económica. La desesperación la llevara ya no a pedir sino a exigir un contrato laboral. La victima de sus requiebros será el propio Masry. El abogado encontrara a su ex cliente trabajando a motu proprio en su firma. Bien es cierto que los abogados no garantizan resultados, pero es la cultura gringa, hay que sacar provecho aun del fracaso. No se trata de solicitar la reparación de un perjuicio por una negligencia, es la fuerza del karma estadounidense, si no me diste éxito tendrás que compensarme de alguna manera. En un ambivalente y magistral diálogo, Erin obtiene del abogado bonachón lo que busca, una vacante artificial en el bufete.

Desde este momento comienza una nueva etapa, la joven mujer colaborara con Masry & Vititoe law firm, realizando oficios varios. Archivando por acá, un día afortunado hará un gran descubrimiento, un expediente en relación con una oferta de compra de inmueble realizada por una gran empresa, Pacific Gas and Electric Company (en lo sucesivo PG&E) a una persona natural, Donna Jensen, residente en Hinkley, una pequeña comunidad perteneciente al condado de San Bernardino y enclavada en el Desierto de Mohave. Lo curioso es que entre los documentos precontractuales figuran una serie de soportes de tratamientos médicos. Algo anda fuera de lugar.

Brockovich decide investigar el caso con mayor profundidad, por lo que le solicita a un ajetreado Masry una licencia para cumplir este fin. Con posterioridad, Erin se dirige a Hinkley, expresión pura de la California paradójica, soleada y con rezagos del viejo Estado de Bienestar, desertica y sedienta, francamente decadente al mejor estilo del milenio. En Hinkley conocerá a Donna Jensen, una mujer sin malicia, para quien es de lo más normal que una gran Compañía haya pagado gastos médicos de ella y su familia, y que pretenda comprar su vivienda. Al fin y al cabo, el gigante empresarial posee una planta industria adyacente a su casa. Los Jensen son un compendio de enfermedades, Donna ha padecido tumores, y su esposo el Linfoma de Hodkins (formación de células cancerígenas en el sistema linfático). Finalmente, y a través de las palabras de Donna, aflora el nexo causal entre las gestiones de PG&E y los gastos médicos: el Cromo.

La ahora autonombrada asistente judicial continuará con sus pesquisas y descubrirá que el agua subterránea de la cual se surte la comunidad de Hinkley está seriamente contaminada con Cromo Hexavalente. El compuesto, también conocido como Cromo 6, es utilizado como anticorrosivo y factor de prevención del oxido en maquinaria industrial. Esta sustancia es altamente tóxica para los seres humanos, tal y como lo certifica un eminente profesor universitario en diálogo con nuestra protagonista. Los coqueteos utilitaristas dirigidos a un burócrata joven, permiten que Erin acceda a los archivos de la Junta de Aguas de Lahontan. De la visita a esta entidad con jurisdicción sobre Hinkley, Erin obtiene material probatorio sobre el uso irresponsable y antiguo de Cromo contaminante por parte de PG&E; la gran empresa les ha afirmado a los miembros de la Comunidad que el material es inocuo. Brockovich también descubrirá que la Empresa se abstuvo de usar aislantes que impidieran que sus aguas de desecho contaminadas con cromo entraran en contacto con los depósitos freáticos que abastecían a los habitantes de la pequeña comunidad californiana. Erin regresara con sus hallazgos a las instalaciones del bufete para descubrir que ha sido despedida.

Masry despidió a Brockovich al presumir un abandono del puesto. Sin embargo, el experimentado abogado, al recibir las explicaciones e informaciones reconocerá su error, y la magnitud del descubrimiento. La joven sureña no será más la muchacha discola en el lugar equivocado, ahora gozara de ciertas prerrogativas para explorar un caso que podría llevar a un litigio prometedor. De acá en adelante, la heroína del filme se dedicará a recoger pruebas, a involucrarse con la Comunidad del Hinkley y a llevar a los muchos perjudicados a acceder a los servicios jurídicos ofrecidos por el bufete regentado por Masry. Erin también se enamorará de George, un arquetípico harlista rebelde con corazón noble y vocación de niñero, que hará migas con los tres hijos de la pujante madre soltera.

Se presentan avatares, peripecias y controversias. Pamela Duncan, residente de Hinkley, expresa su hostil renuencia a hacer parte de la cruzada jurídica a iniciarse por Masry; siempre hay gente inconforme. Lo que en un principio se pensaba encarar como una avanzada legal para llevar a la compañía extractora a comprar viviendas sobrepreciadas, resarciendo de esta manera en algo el daño causado, se convertirá en un verdadero y temerario proyecto de demanda colectiva. Masry flaqueará, PG&E es un gigante, es un episodio más de David contra Goliat. Sin embargo Erin no se rinde, hacen parte de su naturaleza la persistencia, la tozudez y el espíritu de lucha sin cuartel. Unirá a su causa a cientos de ciudadanos de Hinkley, cada uno con un drama distinto, y de paso integrará el litisconsorcio necesario. Las enfermedades son el común denominador, personas afectadas de diversas maneras, perjuicios, responsabilidad civil.

¿Cómo encarar el proceso? En un principio se piensa en un arbitraje, que un privado decida sobre una suma susceptible de negociación, los rangos de la indemnización no parecen del todo sustanciosos, se deja mucho al azar. Pero se trata de atacar a una empresa gigante representada por los mejores abogados, con algo que se le saque estará todo bien. No, nuestros protagonistas se involucran con la comunidad, hay gente inocente padeciendo afecciones terribles, hay sufrimiento humano, la Señora Brockovich no se conformará con un arbitraje donde se renuncia a la litis, donde no se gana sino a lo sumo se empata; cómo olvidar los intereses de esa niñita con cáncer hija de dos personas tan honestas y decentes. La comunidad tampoco se abstendrá de recurrir a la jurisdicción, son estadounidenses, les gusta vencer y si es posible aplastar. También se debe hacer responsable a la administración central de PG&E y no solamente a la planta de Hinkley, para lo cual se debe demostrar que los directivos con sede en San Francisco sabían de los efectos nocivos del uso del Cromo Hexavalente para las personas, aun antes de la construcción de la planta en cuestión.

Surge un interrogante para Erin, ¿Por qué PG&E sufragó los gastos médicos de los habitantes enfermos de Hinkley?, parece una forma de autoincriminarse. Bastaba con comprar las casas sobrepreciadas para chantajearlos, acto que se realizó en algunos casos. Resulta contradictorio pagar cuentas médicas y al mismo tiempo afirmar que el cromo utilizado es inofensivo e incluso benéfico. Todo responde a una argucia jurídica explicada por Masry: con esos actos a primera vista altruistas, después en apariencia culpables, PG&E pretendía que operara la prescripción de la acción. Bajo la legislación vigente en el tiempo y lugar que conforman la trama, una persona contaría con un término de un año, corriente a partir del momento en que se entera de que la sustancia es nociva para su salud, para demandar a aquel que comete la conducta lesiva haciendo uso del agente químico. Con los pagos de las facturas médicas se estaría afirmando de manera tácita que el Cromo usado podría ser causante de enfermedades.

Una coincidencia feliz hará que se vincule al proceso a la administración central de la PG&E con sede en San Francisco y se obtenga una indemnización muy superior para todos los litisconsortes. Charles Embry, encarnado por Tracey Walter, un individuo que encarna el estereotipo cinematográfico del pervertido sexual - en sus cortas apariciones nos hace sospechar que se presentara un desagradable deux ex machina que terminará quizás en una escena de violencia sobre Brockovich -. En un intercambio de palabras en un bar, Embry abre su corazón expresando que desea ayudar, que trabajó para PG&E y que supo de las acciones reprochables de la compañía. Alguna vez a Charles Embry le fue ordenado por parte de sus empleadores que quemara una serie de documentos, pero él decidió conservar algunos. Entre estos últimos figuraba uno fechado en 1966 que establecía el conocimiento que los directivos de la sede central de la PG&E tenían sobre los efectos negativos del Cromo 6. Este héroe termina por zanjar la situación haciendo que la responsabilidad empresarial tenga efectos macro desde este momento, al ceder dichos documentos probatorios al bufete de Masry.

Un juez de la mejor tradición del Common Law, armado de toga y martillo, preside la audiencia que dictamina la validez del litigio desde las alturas celestiales de su solemne estrado. Primera victoria de los humildes en pro de los desprotegidos el juez accede a que se inicie la causa. Al final, la brillante dependiente demostrará que tenía razón, que valió la pena persistir frente a las numerosas dificultades, una de las peores, un bufete prestigioso debió ser acogido como socio de Masry para actuar de manera eficaz contra el gigante empresarial. Así Erin Brockovich experimento el dolor que ocasiona lo que Karl Marx denominó el trabajo alienado.

La victoria era predecible, Hollywood sabe seleccionar las historias de la vida real donde los buenos ganan. Una visita final a Donna Jensen en compañía de George, para darle a la atribulada señora la buena nueva de una indemnización suficiente para que sus hijos y nietos vivan sin percances. Erin recibe sus honorarios, la nada despreciable suma de dos millones de dólares. Moraleja, vale la pena ejercer el derecho. Los fenómenos ambientales son complejos, y los perjuicios emergentes concomitantes al desarrollo industrial, son difíciles de determinar y pueden pasar desapercibidos. Una persona que ejerza el derecho, y sea persistente e inquisitiva, puede ayudar a construir un mundo mejor y a generar conciencia sobre los desafíos que le esperan al planeta en lo que respecta a su viabilidad y sostenibilidad.