Ensayo: Una nación sin mujeres

Basta de violencia contra las mujeres © Camelia
Basta de violencia contra las mujeres © Camelia

Adriana Cárdenas Ramírez

“No has nacido mujer para el jolgorio de estos tiempos para que la historia como siempre te arrincone. No has nacido sólo para sembrar la tierra y cubrir con ella viejas cenizas ruinas el poder que sin saberlo has enfrentado.

No para llenarte ciega del deseo de guerra para que te acechao para sucumbir a la tentación ruinosa el deprecio a la vida y a las alas.

Sino para llenar de alas los caminos”.[1]

Es imperativo pensar y asimilar que por muchísimos años el maltrato a la mujer ha sido sistemático por parte de muchas culturas en todas las regiones del mundo, las mujeres y las niñas son objeto de violencia a causa de su género. Aunque en los diversos contextos sociales, culturales y políticos generan disímiles formas de violencia, el predominio de ésta, y sus modelos son particularmente constantes, y traspasan las fronteras nacionales y socioeconómicas; así como las identidades culturales, el género tiene un efecto considerable sobre toda forma de violencia, las circunstancias en las que ésta se presenta, sus consecuencias y la disponibilidad de recursos legales. En razón de la violencia, las mujeres son privadas parcial o totalmente del disfrute de los derechos humanos y de las libertades fundamentales. Es así que la mujer es vista como

Una entidad a satisfacer las necesidades de los hombres en diversa culturas y el rol de la mujer dentro de ciertos contextos geográficos, políticos, económicos y sociales que a través de la historia va desde abusos sexuales, maltrato físico, verbal y psicológico, hasta la discriminación laboral. Que casi siempre quedan impunes o nunca son denunciadas por miedo. Pero, ¿porque tanta violencia hacia la mujer?, una de las razones es el machismo marcado por una cultura patriarcal donde infunde secuencialmente a los hombres una superioridad de hierro frente a la mujer. Ya están vistos que no pueden llorar, el hombre es el que siempre debe mandar; debe ser la mujer quien proporcione todas las necesidades tanto sexuales, físicas y de bienestar en el hogar por lo cual sí el hombre comparte algún rol familiar deja de serlo. Y pierde como tal su valor frente al grupo social. Tanto es así que este sistema justifica y reproduce este imaginario totalmente en la práctica cotidiana de relaciones interpersonales, teniendo en cuanta la desigualdad y discriminación de género. Ello termina afectando la vida familiar y las sanas relaciones de convivencia.

Estudios señalan que la constante violencia contra la mujer se convierten y es favorecida y tolerada por la sociedad. Sociedad que en el imaginario y el discurso rechaza esta violencia pero que de alguna u otra manera se muestra indiferente; que al igual mantiene y reproduce actos de violencia que auspician la inequidad, desigualdad en diferentes espacios de la vida social. Este tipo de violencia se arraiga en las relaciones de pareja, en la convivencia en el hogar aceptando muchas veces la imposición de modelos y roles ya fijos del ser hombre y del ser mujer. Donde la mujer está centrada en el hogar, en los hijos y con poca libertad así trabaje y suministre ingresos económicos su entorno es concebido totalmente para el hogar y esto no es mal visto siempre y cuando se respeten espacios, y la mujer quiera alcanzar sus metas en diferentes campos.

Pero es demasiado difícil pues le es imposible hacer todo al mismo tiempo. Por tal razón la mujer es rotulada dentro de ciertos esquemas como la maternidad, el hogar las labores del mismo. Esto genera frustración por algunas de ellas que quieren cumplir metas avanzar en el ámbito laboral y demás. Por lo que se refiere es importante destacar que las relaciones deben ser más equitativas al interior de la familia. Sin embargo hay persistencia de una cultura «machista» que sostiene y reproduce ideas, valores y actitudes de desigualdad y discriminación, especialmente hacia las mujeres, lo que conduce y propicia las prácticas de violencia y maltrato. El machismo genera violencia doméstica a todo ello se le suma una contradicción en las relaciones intergéneros. En investigación de la Antropología de la violencia, refiere que la no violencia es innata sino aprendida, y que es producto de ciertos tipos de relaciones y circunstancias que se pueden modificar. El hombre es educado adiestrado y acostumbrado en y para la violencia, que influye en la conciencia de dominio y servilismo que tiene que ver con el poder. (Salinas, 2006: 70).[2]

Ahora bien en el film “una nación sin mujeres” se evidencia una violencia inhumana contra el género femenino. Se tiene como referente en este caso citado el país de la india. Según estudios es éste país uno de los que menos amparadas están las mujeres por la ley. Como es sabido a los hombres se les permite ofrecer a sus mujeres a los acreedores para pagar todas sus deudas y aquellas que pierdan a sus maridos pierden todo estatus en el país porque se les considera portadoras de mala suerte. Sin embargo, la más dura tiene que ver con que toda relación sexual de un hombre para con su esposa, si no es menor de 15 años, no se considera violación. Seguidamente se

encuentran varios países en este ranking como África funestamente y en pleno siglo XXI las mujeres son expuestas a vejámenes como la mutilación de sus partes íntimas con el objetivo de inhibir la sensación sexual en ellas. Paralelamente en Arabia Saudíta, Afganistán, donde las niñas son obligadas a casarse, también son víctimas de la agresión sexual, la pobreza, violencia y humillación.

De igual manera la violencia de genero tiene muchas clases de historias como tabú del rol social de la mujer; uno de los factores con mayor índice a este conflicto social ha estado en la educación impartida por el núcleo familiar, principalmente por las madres o mujeres de familia las cuales desde temprana edad encaminan a los niños en roles muy totalitarios, inculcando a las niñas a servir siempre al hombre y solo buscar en una relación de pareja la satisfacción de él mismo, también enseñándoles a ser dependiente del sexo masculino económica y emocionalmente, formándolas como la chica más guapa “para que así consiga una pareja con plata que proporcione y supla completamente sus necesidades económicas, concepción irreal infundada dentro de formas y parámetros culturales dentro de un relativismo; eso es lo que popularmente se le inculca a las niñas desde muy temprana edad. En algunos otros casos la familia proporciona una educación enfocada a un proyecto de vida a que bien estudie o trabaje pero, cuando la mujer decide tener un hogar probablemente deba dedicarse a sus hijos y deje abandonada su profesión, “ya que ese es su deber como mujer” de hecho en este imaginario la mujer debe atenerse a la imposición del hombre. Visto de otra manera es en el hogar donde se empieza el cambio; una verdadera igualdad de género, enseñando a las niñas que pueden ser o estudiar lo que quieran y que a la única persona que pueden satisfacer es a ella misma. Es fundamental un cambio de conciencia social referente a la educación en el hogar que parte de la familia.

Como núcleo fundamental de la sociedad se precisa enfrentar seriamente el problema de la violencia y para eso se requiere como primera instancia, una verdadera voluntad política, así que facilite recursos de toda clase para afrontar los recios impedimentos a la Justicia. Cabe anotar que ésta ausencia de voluntad política se pone en evidencia si se

Toma en cuenta la falta de visibilidad que ha tenido, hasta ahora, en varios proyectos de ley 1761 de 2015 [3] que buscan garantizar el acceso a la justicia de las víctimas de violencia sexual. Un punto crucial para que la violencia contra la mujer pare sería un gran y verdadero apoyo en las Leyes en contra de aquellos que ejercen este tipo de violencia, ya que la impunidad y la indiferencia son muy notorias en estos casos, Cabe anotar en Colombia el caso de Rosa Elvira Cely. Donde fue violada y asesinada y el responsable de aquel atroz crimen salió impune; las personas que son capaces de agredir con extrema violencia deben comprender la magnitud del daño que causan socialmente y las consecuencias de estas actuaciones. El tipo de penas se exigen ser ejemplarizadas, castigadas con penas mayores que limiten estos tipos de comportamientos psicópatas. La sociedad no tiene que mostrarse indiferente en estos casos de violencia ni mirarlas como un episodio ajeno de sus vidas, sino entenderlas como un genocidio hacia la mujer donde todos manifiesten su indignación ya que nuestro miedo e indiferencia hacen que estos casos continúen Como uno de los crímenes más siniestros de feminicidio, teniendo en cuenta que la violencia contra la mujer en Colombia no ésta ni “curada” mucho menos “erradicada” de nuestra cultura.

La violencia basada en el género, (VBG) como cualquier otra forma de violencia es una realidad evitable a la que no subyace ninguna determinación natural, genética o biológica. Son solo condicionamientos socioculturales los responsables de cada acto de

Violencia que se comete contra las mujeres con el solo hecho de serlo, esto no significa que se trate de un fenómeno fácil de comprender ni mucho menos de enfrentar.

Es así que la violencia contra las mujeres se define como "todo acto de violencia sexista que tiene como resultado posible o real un daño de naturaleza física, sexual o psicológica, incluyendo las amenazas, la coerción o la privación arbitraria de la libertad para las mujeres ya se produzcan en la vida pública o en la privada", "es una manifestación de las relaciones de poder históricamente desiguales entre mujeres y hombres, que han conducido a la dominación masculina, a la discriminación contra las mujeres por parte de los hombres y a impedir su pleno desarrollo".[4]

Por el contrario, su origen cultural hace de la violencia basada en el género una problemática intrincada de muchas aristas y conocer a profundidad formas, contextos imaginarios y colectivos, respuestas sociales e institucionales no deben dar espera; es sin duda un camino y un deber para quienes aspiran contribuir en la erradicación de está problemática que vulnera el derecho de las mujeres de una vida libre de violencia.

  1. Tejada Rojas M. (2015) Bogotá D.C; Comisión de Asuntos de la Mujer. ADE.

  2. Béjar, B. O. (2009). Machismo y violencia contra la mujer. Investigaciones Sociales, 13(23), 301-322.

  3. Sotomayor, M. J. (2016). Ley 1761 de 6 de julio de 2015, por la cual se crea el tipo penal de feminicidio como delito autónomo y se dictan otras disposiciones (Rosa Elvira Cely). Nuevo foro penal, (86), 231-235

  4. Rico, M. N. (1996). Violencia de género: un problema de derechos humanos.