El “periodismo” chimbo de la Revista Semana

¿Como detectar una noticia falsa? © IFLA
¿Como detectar una noticia falsa? © IFLA

José Castilla

La búsqueda de la verdad es una labor cargada de idealismo infantil pero noble. Los periodistas en su ajetreado vivir intentan correr el velo de las cosas que se ocultan a la vista de todo el mundo. El verdadero periodismo es una labor poco reconocida en el círculo social, y completamente ignorada en el campo económico. Lastimosamente, en el periodismo la dignidad se paga de muchas formas.

Ante este panorama no muy alentador para el ejercicio de la labor periodística, se comienzan a cruzar muchos intereses de distinta índole y origen. Las ínfulas de poder, el ego y el hambre corroen esa dignidad que carga de una neblina de ensueño a la labor que García Márquez reconocería como la más linda del mundo. Desde estas corrompidas sombras que invaden al ser humano se comienzan a desboronar los pilares para forjar una sociedad justa. Por desgracia, la dignidad periodística se esfuma, dejándonos el amarillismo y la irresponsabilidad social, disfrazada con una malintencionada perspectiva en el concepto de libertad de expresión. En otras palabras, se configura un “periodismo” indigno, que (como ejemplo para los que lo hemos sufrido) se transfigura en esos acalorados reportajes de la Revista Semana.

Pero debo decir que los entiendo. Es una forma lógica de actuar, porque ese moderno edificio de la calle 77 con carrera 11 no se paga solo. También sé que los costosos trajes hechos a la medida de los cuerpos regordetes de sus directivos no se cubren con la precarización del salario de los periodistas base. La “dolce vita” no se costea con dignidad y buen periodismo. En una sociedad tan hambrienta de espectáculos como la nuestra, no hay mejor producto que el amarillismo. Un negocio redondo.

También debo decir que la Revista Semana no tiene la culpa de que la sociedad colombiana los haya confundido con un medio de comunicación serio e independiente. Ellos están estructurados como una caja de resonancia hueca que reproduce el mensaje de quien mejor pague. Debemos tener cuidado, porque cuando vemos reportajes, entrevistas y noticias que resonaron en la opinión pública como el de la Universidad La Gran Colombia, o el de “Peñalosa el Alcalde incomprendido” no podemos ignorar que hay un interés económico que mueve a los editores, periodistas y comunicadores; un interés nublado por el eqo que les impide comprender el deber social que implica el vigésimo artículo de nuestra carta política. Pero bueno, a veces debemos entender que hay personas que vendieron su dignidad y pensamiento por un poco de dinero y ‘reconocimiento social’.

La censura siempre será un acto reprochable para cualquier sociedad democrática, pero debemos entender como sociedad que no todos los emisores son pensantes, o responsables, debemos tener cuidado con los mensajes pagos que disfrazan la corrupción, promueven la desintegración social y generar desprestigios injustificados que afectan irreversiblemente las vidas de las personas. Por último, debemos tener claro que para construir una verdadera sociedad justa, democrática y pensante hay que dejar de lado ese periodismo indigno. En otras palabras, debemos dejar de lado ese “periodismo” chimbo de la Revista Semana.