La dignidad humana, ¿Un derecho utópico?

Ⓒ Objeción

SANDRA MILENA FLOREZ HERNANDEZ

La libertad, la justicia y la paz en el mundo debe ser el resultado del reconocimiento y el respeto por la dignidad humana; una dignidad que implica el desarrollo de unas libertadas inalienables como ser humano, el respeto de las calidades e individualidades de cada persona y el actuar bajo unas creencias éticas y unos derechos, pero también de unos deberes con los demás miembros de una sociedad.

Por qué hablar de la ética?, es para mí, imperioso hablar de tica, por cuanto estudia el comportamiento moral, y determina cómo deben actuar los miembros de una sociedad, define lo que es bueno, malo, obligatorio, permitido, etc., y éstas determinaciones son las que la sociedad retoma y plasma en manuales de comportamiento. A mi parecer, la ética le abre paso al derecho, como ciencia social que regula la conducta humana mediante normas que resuelven los conflictos que se presentan en la sociedad.

El ser humano, en aras de garantizar una sana convivencia, establece una serie de reglas para modular o alienar el comportamiento de las personas, y en caso de que el individuo se salga de esas pautas de comportamiento o trasgreda esas reglas (normas) debe responder por sus actos y aceptar el castigo determinado.

Es así, como nace el derecho positivo integrado por las leyes, normativas, reglamentos y resoluciones, que a través de la obligatoriedad, buscan la conservación del orden social.

Adicionalmente, esa búsqueda del orden social traspasa fronteras, la realidad ha cambiado y la forma de interactuar también, y esto ha hecho que en aras de construir una convivencia pacífica, se negocien y concilien unos derechos y libertades no solo con los habitantes de nuestras regiones y del país, sino con los miembros de otros países, para acordar la forma en que nos vamos a interrelacionar. Con esta intención se crean organizaciones internacionales y acuerdos aplicables a todos los países que a través de sus representantes de estado firman y ratifican lo pactado.

Para la realización de este ensayo, es importante retomar el Preámbulo de la Declaración Universal de Derechos Humanos, el cual expresa:

Considerando que la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana;

Considerando que el desconocimiento y el menosprecio de los derechos humanos han originado actos de barbarie ultrajantes para la conciencia de la humanidad, y que se ha proclamado, como la aspiración más elevada del hombre, el advenimiento de un mundo en que los seres humanos, liberados del temor y de la miseria, disfruten de la libertad de palabra y de la libertad de creencias;

Considerando esencial que los derechos humanos sean protegidos por un régimen de Derecho, a fin de que el hombre no se vea compelido al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión;

Considerando también esencial promover el desarrollo de relaciones amistosas entre las naciones;

Considerando que los pueblos de las Naciones Unidas han reafirmado en la Carta su fe en los derechos fundamentales del hombre, en la dignidad y el valor de la persona humana y en la igualdad de derechos de hombres y mujeres, y se han declarado resueltos a promover el progreso social y a elevar el nivel de vida dentro de un concepto más amplio de la libertad;

Considerando que los Estados Miembros se han comprometido a asegurar, en cooperación con la Organización de las Naciones Unidas, el respeto universal y efectivo a los derechos y libertades fundamentales del hombre, y

Considerando que una concepción común de estos derechos y libertades es de la mayor importancia para el pleno cumplimiento de dicho compromiso;

LA ASAMBLEA GENERAL proclama la presente DECLARACIÓN UNIVERSAL DE DERECHOS HUMANOS como ideal común por el que todos los pueblos y naciones deben esforzarse, a fin de que tanto los individuos como las instituciones, inspirándose constantemente en ella, promuevan, mediante la enseñanza y la educación, el respeto a estos derechos y libertades, y aseguren, por medidas progresivas de carácter nacional e internacional, su reconocimiento y aplicación universales y efectivos, tanto entre los pueblos de los Estados Miembros como entre los de los territorios colocados bajo su jurisdicción”.

Observemos que en esa declaración se busca erradicar los actos de barbarie cometidos a nuestros semejantes, actos que han marcado nuestra historia y que desafortunadamente algunos logros obtenidos fueron alcanzados a través del derramamiento de mucha sangre, como fue el caso de las sufragistas.

Fijémonos, como esa lucha incansable del género femenino por cambiar la historia, por lograr la eliminación de la discriminación contra la mujer y conseguir el derecho igualitario al trabajo, al voto, el acceso a la educación y a capacitación profesional, la equiparación de sexos en la familia entre otros, fue alcanzado a través de la insistencia, persistencia y resistencia de un grupo de mujeres que vencieron el miedo y asumieron las consecuencias de sus actos, en búsqueda de un cambio de mentalidad y costumbre de toda una sociedad machista.

Ese ejemplo de lucha, es de admirar, sin embargo, lo deprimente y frustrante es saber y entender que somos una sociedad resistente a los cambios, intolerantes a la diferencia, somos juzgadores de la vida de los demás e irrespetuosos de sus decisiones, a pesar, de que promulgamos a diario el respeto a la dignidad humana, aunque nuestros actos expresen todo lo contrario, como lo es el caso de discriminación homosexual y la trata de personas.

De acuerdo a la Organización Internacional para las Migraciones OIM, “La Trata de Personas es un delito que se caracteriza por el traslado al interior o fuera del país de una persona con fines explotación que puede ser sexual, laboral, mendicidad ajena, matrimonio servil, entre otros, sin importar el género, edad o lugar de origen de las potenciales víctimas”.

Colombia es considerada como un país de origen de víctimas de la trata de personas, tanto hacia el interior como hacia el exterior del país, principalmente en modalidades como la explotación sexual, los trabajos forzados y el matrimonio servil”.

La esclavitud era una práctica de la Edad Antigua, en la que se comercializaba a los negros o presos de las guerras como mercancías para utilizarlos como mano de obra en trabajos forzados. Cuantos siglos han pasado?, cuantos tratados internacionales y acuerdos hemos firmado y ratificado como compromiso de abolición de la esclavitud, y en pleno siglo XXI seguimos dando muestras de barbarie y cometiendo crímenes de lesa humanidad. Entonces, cuál es la moral que estamos practicando?, exigimos unos derechos a la dignidad humana, a la vida digna, a la libertad, al trabajo pero no respetamos los derechos a la vida, libertad y trabajo de los demás. Acaso, los demás, no tienen los mismos derechos en un estado social de derecho como el nuestro?.

En conclusión, estos comportamientos antisociales, nos invitan a pensar, que estamos en una sociedad con crisis de valores, una sociedad enferma, que demanda un estudio multidisciplinario de los fenómenos que se presentan, una revisión de los valores o antivalores que determinan nuestro comportamiento y la manera en que nuestras experiencias y procesos de aprendizaje reflejan lo aprendido en el núcleo familiar o social más cercano.

Generar procesos de concientización de nuestras actitudes, en donde seamos capaces de identificar esas conductas negativas aprendidas e interiorizadas que van en contra de los derechos y el respeto de los demás, con esto generar cambios comportamentales que redunden en una sana convivencia y en el respeto por sí mismos y por los demás miembros de la sociedad de la que hacemos parte.

Referencias Bibliográficas

Página web de las Naciones Unidas- ONU

Página web Organización Internacional para las Migraciones OIM

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