El feminismo como expresión social de cambio

Feminismo en Japón - Dominio Publico
Feminismo en Japón - Dominio Publico

Por: LUIS HERNANDO LLANOS URUEÑA

Desde un punto de vista histórico, el surgimiento en la sociedad contemporánea de los movimientos feministas, y su la expresión como organización independiente de las mujeres, tuvo su origen en el llamado movimiento sufragista de mediados del siglo XIX, por mujeres en Europa, Estados Unidos y Australia. Fueron movimientos suscitados por el proceso de industrialización, urbanización, proletarización y descolonización. Es decir que sus orígenes, persistencia y alcances, guardan relación con factores históricos y culturales específicos.

La lucha por el sufragio en apariencia la lucha por los derechos políticos y civiles ejercidos con el voto o sufragio, es decir los derechos de la mujer a elegir y ser elegida, circularmente se causan con la exigencia de derechos al trabajo, la igualdad de acceso a los cargos públicos y remuneración laboral, respecto de los hombres, la seguridad social de la maternidad de las divorciadas, la protección a las madres solteras o cabezas de familia, etc., esto es, en general la lucha contra la discriminación de que ha sido objeto la mujer de la sociedades cultural e institucionalmente cimentadas en estructuras patriarcales.

Los logros obtenidos por los movimientos feministas en Europa y los Estados Unidos, centrados de la lucha por la igualdad de derechos civiles, económicos y políticos, casi un siglo después se extendieron a los países de occidente denominados países en desarrollo, a partir de los años 30 del siglo XX mutaron hacia otros tipos de idearios de género más relacionadas con la independencia socia-económica de la mujer, el sexismo y la liberación sexual. Jugando un papel fundamental en tal mutación la expansión del uso de las redes locales y mundiales de radiocomunicaciones, Hollywood, y la televisión.

Fue desde los años cincuentas del siglo pasado que se suscitó la liberación o revolución sexual en la sociedad occidental. La reivindicaciones feministas ya no van a ser solo civiles o sociales, sino la reivindicación plena de la sexualidad como dimensión humana y también como construcción cultural. Dicha situación esta vez tiene lugar en un universo de inmensos avances científicos y tecnológicos, robótica, informática, mediática y comunicación satelital, ofrecen un escenario más amplios para la construcción de imaginarios múltiples orientados a la realización humana de la sexualidad.

No debe perderse de vista que el surgimiento de los movimientos feministas en el contexto de países con formaciones culturales tradicionales, como los países latinoamericanos, países que comparativamente con los países donde se originó el movimiento feminista guardan diferencias en su origen y motivaciones por ser cultural y estructuralmente asimétricos de aquellos, la expresión de feminismo tiene otra connotaciones.

Sin menoscabo de alteridad de la cultura occidental, el surgimiento y desarrollo de los movimientos feministas en Colombia y otros países de características culturales tradicionales diversas, variadas diferencias raciales, religión, y costumbres, gravitan principalmente en aspiraciones sociales y políticas, que dan forma a un discurso cultural muy diverso y amplio. La condiciones de vida de las mujeres en América latina, en Colombia por ejemplo, ha estado más ligadas al recogimiento, la procreación, la unión familiar y la difícil tarea de levante y protección, junto a la pareja, de su prole.

Este aspecto es de crucial importancia en el estudio del surgimiento y curso del pensamiento feminista en América latina. La historia social y política define los trazos que delinean el feminismo bajo condiciones materiales que de manera reactiva brindan a la mujer escenarios en la vida pública, política, académica y, por supuesto, el ejercicio consecuente de la rebeldía. Bástenos con mencionar a heroínas como Policarpa Salavarrieta, espía de las fuerzas independentistas; Manuelita Sáenz, “libertadora del libertador”; de María de los Ángeles Cano, primera líder política defensora de los derechos civiles y de los trabajadores; las hermanas Maribel, opositoras al régimen de Trujillo en república dominicana; Frida Kahlo, que en su arte expresaba su sufrimiento; Juana Azurduy, independentista de Bolivia; Hermila Galindo, pionera del Movimiento feminista en México; Gabriela Mistral, Chilena, primer premio Novel latinoamericano; Chávela Vargas, rebelde, bohemia, lesbiana; Eva Duarte de Perón, forjadora del voto femenino en Argentina y Carmen Mondragón, mexicana, pionera del uso de la minifalda[1] y otras tantas mujeres forjadoras de un pensamiento más que estrictamente feminista, de idearios sociales y políticos más amplios.

Dichas diferencias de configuración del movimiento feminista europeo y norteamericano respecto del de América no pueden llevar a la afirmación de “fracazo del ideario del movimiento feminista original”. Se trata más bien de la adopción de dicho ideario en contextos culturales diferentes. Contextos que, contrario sensu de algunos de “los pensadores de la llamada epistemología de la alteridad” cuestionadores del “conocimiento colonizado y de la hegemonía del conocimiento eurocéntrico”[2], ponen sobre la mesa los alcances visionarios de la otredad específicamente latinoamericana, la validación del contexto regional como alteridad, esto es, su validación como condición o capacidad de “ser otro”, “distinto al otro”.

Los movimientos feministas tanto en Europa, los Estados Unidos y América latina han sido movimientos efímeros, su duración se ha encontrado unida a las coyunturas políticas y sociales, dependiendo la continuidad y alcance de sus reivindicaciones a su pertenencia a partidos políticos. La cooptación de las aspiraciones feministas por los partidos políticos, paradójicamente pueden dar cierto margen de maniobra a grupos de mujeres organizadas, pero coartan su independencia y delega sus aspiraciones a los aparatos y vocerías patriarcales de esos partidos. No significa esto que las organizaciones feministas no se expresen libre e independientemente de los partidos, estado y el Gobierno, basta ver a las “damas blancas”, en cuba, las “Madres de Mayo”, en Argentina, y las organizaciones de mujeres víctimas del conflicto armado colombiano.

La liberación o revolución sexual suscitada por los movimientos feministas en los 60 y 70 del siglo pasado, merecen una atención especial. La libertad sexual entendida como la igualdad sexual, del hombre y la mujer; el feminismo, como la condición de la mujer a decidir libremente de su cuerpo, los métodos anticonceptivos y el aborto, ponen en un punto muy alto la lucha de la mujer por sus derechos.

La emancipación sexual de la mujer tomó forma con la generalización de los preservativos y avance en su derecho a decidir sobre el aborto. El Tribunal Supremo de los Estados Unidos (Corte Suprema de Justicia), al conocer del asunto, Griswold v. Connecticut (1965), declaró inconstitucional, “por ser contraria a derecho a la intimidad, una ley estatal que limitaba la dispensación y utilización de preservativos”[3]. Antecedente del Tribunal Superior, relacionado con el problema jurídico que posteriormente debió abordar ese Tribunal,

“(…),

“del derecho de las mujeres a abortar (y de los médicos a practicar abortos) sin ir a la cárcel por ello. Roe marcó el inicio de un debate constitucional y social que aun continúa, y en cada campaña electoral los grupos de presión arrancan de los candidatos promesas de aprobar leyes que limiten o que amplíen los supuestos de aborto que Roe permitió, o promesas, que Reagan cumplió a conciencia, de nombrar para el TS y para las jurisdicciones inferiores a jueces abiertamente antiabortistas. “[4]

Siguiendo el caso, en los Estados Unidos existían y pueden existen aun dos posturas frente al aborto, las antiabortistas del siglo XIX, que penaban la interrupción del embarazo a no ser que se tratara de poner en riesgo la vida de la mujer y la legislación que en 1969, también autorizaba el aborto por riesgos para la salud de la mujer: “Una mujer soltera embarazada, con el pseudónimo de Jane Roe, interpuso un recurso contra el artículo 1196 del Código Penal tejano que castigaba con pena de cárcel y de multa todo aborto, salvo para salvar la vida de la madre. Perdió el pleito en las instancias federales, y dio a luz contra su voluntad a un hijo”.

El 22 de enero de 1973 la Corte, dictó la sentencia Roe v. Wade, por mayoría de siete a dos y anuló la ley "tradicional" de Texas - así como, en otra sentencia del mismo día, Doev. Bolton, la ley "moderna" de Georgia que había admitido más supuestos de aborto[5].

Este caso se declaró que “el derecho a la intimidad, no está disperso en varias enmiendas de declaración de derechos”, sino en la garantía de no estar privado de la libertad sin garantías al debido proceso. “Se declaró que existe un derecho constitucional de la mujeres embarazadas a abortar, pero que pese a ello los poderes públicos también pueden legítimamente restringir este derecho. ¿Como se articulan estas dos tendencias opuestas?” El Tribunal Superior dividió el embarazo en tres periodos de tres meses cada uno En el primero, la mujer tiene derecho a abortar libremente, tras obtener el visto bueno de un médico. “En los segundos tres meses los Estados sí pueden regular la cuestión, permitiendo abortar en caso de riesgo para la salud de la madre. Sólo en el último trimestre, más o menos en el momento de la viabilidad del feto, adquiere relevancia la potestad de los Estados para proteger la potencial vida humana, prohibiéndose todo aborto (sin embargo el TS precisó que incluso en ese caso debe preverse la posibilidad de abortar si sólo así se salva la vida de la madre).”

La sentencia de la Corte Suprema. “causó, una revolución política, social y constitucional. Incluso algunos de quienes la apoyaban reconocían que el TS podía haberse excedido en su activismo: había tomado una decisión posiblemente adecuada, pero que acaso hubiese correspondido al poder político”.

Por su importancia, estos son apartes de la sentencia de la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos (TS):

“A la vista de todo ello consideramos que el Estado de Texas, partiendo de una determinada concepción de la vida humana, no puede privar a las mujeres embarazadas del derecho a abortar que estamos ahora examinando. No obstante, reiteramos que el Estado tiene un interés importante y apremiante en proteger la salud de aquellas, ya sean ciudadanas de Texas o sean no residentes que deseen consulta y tratamiento médico. El Estado tiene también un similar interés en proteger la vida humana potencial. Se trata de intereses distintos, y en un determinado punto devienen contrapuestos: a medida que el embarazo avanza llega un momento en el que cada uno de ellos pretende prevalecer sobre el otro.

“En el caso del interés apremiante y legítimo del Estado en proteger la salud de la madre, ese momento decisivo, en el actual estado de la ciencia médica, se sitúa aproximadamente al final del primer trimestre. Ello se explica porque hoy está científicamente demostrado que dentro de los tres primeros meses el riesgo de que la mujer muera al practicársele un aborto es sensiblemente menor al de la muerte en el momento del parto. De manera que a partir de ese momento el Estado puede legítimamente regular los requisitos y condiciones para practicar abortos, siempre que esta regulación esté razonablemente fundada en la preservación y protección de la salud de la madre. La regulación estatal puede incluir requisitos de capacitación técnica del facultativo que practicará los abortos, así la eventual habilitación profesional. También la determinación de los lugares en los que se podrán practicar abortos, esto es, si deberán realizarse en hospitales, en ambulatorios, o en otros.

De lo anterior se deduce, en sentido contrario, que durante los tres primeros meses de embarazo el facultativo, de acuerdo con la madre, tiene libertad para decidir, sin interferencia ni regulación estatal, si conforme a su criterio médico es o no oportuno interrumpir la gestación. Si se opta por hacerlo, la decisión de abortar es por entero libre, sin que las autoridades puedan condicionarla.

“En relación con la finalidad del Estado, legítima e relevante, de proteger la potencial vida humana, el momento determinante se sitúa en aquél a partir del cual puede decirse que el feto es viable. Porque a partir de entonces se supone que el feto puede sobrevivir fuera del vientre materno. Por ello, la decisión del Estado de regular la cuestión para proteger al feto una vez superado el umbral de la viabilidad puede considerarse amparada en argumentos lógicos y biológicos. Si el Estado desea proteger la vida del feto una vez que es viable, puede legítimamente llegar hasta prohibir abortar a partir de ese momento, excepto cuando el aborto es necesario para preservar la vida o la salud de la madre.

“Conforme al criterio que acabamos de señalar, el artículo 1196 del Código penal de Texas que sólo autoriza interrumpir el embarazo "bajo supervisión y consejo médico y con el fin de salvar la vida de la madre" es demasiado restrictivo, habida cuenta de que no distingue, a efectos penales, entre los abortos al principio del embarazo y los que se practiquen más tarde y de que sólo los permite para una sola finalidad como es la salvaguarda de la vida de la madre. Ello implica que el recurso debe, en este punto prosperar, y declaramos la ley inconstitucional [...]establecimientos de nivel menor, y la correspondiente licencia que deberían tener cada uno de ellos.

“La solución a la que hemos llegado nos parece adecuada en función de los respectivos intereses enfrentados, de la experiencia tanto histórica como científica, teniendo en cuenta la tradición del common law y los problemas que hoy en día se plantean. Permite al Estado, a medida que el embarazo avance, imponer restricciones al derecho a abortar, siempre que respondan a un interés o finalidad legítima. También reconoce al médico el derecho a prescribir un tratamiento o intervención determinada conforme a su criterio profesional hasta que el interés del Estado le imponga o le impida una obligación concreta. Mientras no llegue ese momento la decisión de interrumpir el embarazo es una decisión, en todos sus aspectos e intrínsecamente, de tipo médico, y la responsabilidad que de ello derive es sólo del médico. Si algún médico hace un mal uso de sus prerrogativas, estarán disponibles, como es habitual, los recursos colegiales y jurisdiccionales.”

Tal como se planteó atrás, la discusión del caso Roe V. Wade en las coyunturas electorales es recurrente. “Los grupos de presión arrancan a los candidatos promesas de aprobar leyes que limiten o que amplíen los supuestos del aborto permitidos por Roe”.

Dichas presiones y promesas por supuesto que en la actual coyuntura electoral de los Estados Unidos, no podría estar ausente. Recientemente la fórmula a la vicepresidencia de Donald Trum, Mike Pence, en la tarea de exacerbar el espíritu de los conservadores, tan necesario electoralmente, ha insistido en que la Corte debe replantearse lo decidido en el caso Roe V. Wade, puesto que esos logros del pasado “no se corresponden con las realidades cambiantes del presente”: “Well see Roe vs. Wade consigned to the ash heap of history wherw it belongs” (“Veremos a Roe vs, Wade terminar en el monte de cenizas de la historia a donde pertenece”). Los conservadores quieren eliminar el activismo de la Corte, quieren magistrados más ceñidos al texto constitucional, lo que se conoce como Strict Construction interpretation, (interpretación cerrada de la Constitución), pues esto supuestamente impide la entrada de la política en la interpretación de la Constitución, cuando lo cierto es que lo que pretende esta postura es permitir lecturas estrechas de la Constitución, afines a la postura política conservadora. En este ámbito, hoy por hoy, la política se ha subido: la Corte, políticamente está dividida en dos y no hay forma de desbalancear, por cuanto no se ha suplido el cargo de un nuevo magistrado, lo que exacerba aun más la puja en torno al caso de Roe V. Wade.

Así el caso Roe V. Wade., es de los casos más ejemplarizantes de la lucha feminista por el derecho, a la libertad sexual, a la opción libre de la maternidad y al aborto.

  1. Daniela Cadena, en BuzzFidd. URL: https://www.buzzfeed.com/danielacadena/mujeres-historia?utm_term=.evBzrNrjj#.cnJpeae99

  2. Ver Fernanda Sánchez Jaramillo, “Epistemología de la alteridad, decostruyendo el conocimiento colonizado” Rebelión, URL: http://rebelion.org/noticia.php?id=196863.

  3. Ver, caso Roe V, Wade (1973), URL: http://portal.uclm.es/descargas/idp_docs/doctrinas/roe%20v%20wade%20(1973)beltran.pdf

  4. Ibíd.

  5. Ibíd.

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