Sobre la guerra

Monumento a Leonidas en Esparta (foto por Camster)
Monumento a Leonidas en Esparta (foto por Camster)

LUZ MARINA PRECIADO RAMÍREZ

Vivimos en una época en donde la búsqueda de la paz se ha convertido en el objetivo del mundo civilizado y por lo tanto, la guerra no es más que la práctica de seres incivilizados, de bárbaros. Ideas, tierras, venganza, mujeres y guerras han empezado por menos, y la única constante de ella es quien la realiza: el hombre. La práctica de la guerra, por lo tanto, es intrínseca en el ser humano pero hay que resaltar que durante ella se evidencian las virtudes y características que han sido exaltadas a lo largo y ancho de la historia humana.

De los últimos 3,400 años, el ser humano ha estado en paz por 268 años, lo cual equivale a tan sólo el 8 % de la historia registrado (Hedges, 2003). Como lo pone en palabras Cormac McCarthy, escritor estadounidense en su libro ‘Blood Meridian’ “la guerra siempre ha estado aquí. Antes que el hombre fuera, la guerra esperaba por él. La profesión definitiva esperando a su practicante definitivo” ("War at its Worst: The Ultimate Practioner - On Violence", 2011).

No sólo esto, hay que reconocer que de todas las especies en la naturaleza el ser humano es el único que decide atacar y matar a su misma especie por razones diferentes a la de supervivencia. Con esto en mente, es posible llegar a considerar la guerra como el estado natural del hombre, y la búsqueda de la paz como un ideal no fundamentado en la realidad.

Es posible que el hombre, de manera muy temprana haya comprendido la importancia de la guerra como un medio para conseguir sus fines: Riquezas, tierras, mujeres, gloria, entre otras. Ha sido gracias a la práctica de ésta, que ciertos hombres han transcendido su realidad y han alcanzado la inmortalidad, por lo menos mientras exista la edad del hombre.

Nombres como Alejandro, Julio César, Napoleón, Atila, Genghis Khan entre muchos otros, han sedimentado su lugar en la historia gracias a aquellos imperios y personas que perecieron en su camino. A pesar de haber perdido, también han ganado un lugar en la historia, pero no como vencedores, sino como ejemplos de hombres que hicieron de la guerra un medio, ejemplos que no deben seguirse; hombres, cuyas cualidades no fueron lo suficientemente grandes para ganar la guerra.

Sin lugar a dudas, cuando Heráclito sentenció que la guerra es el padre y rey de todos, porque a unos hombres los hace reyes y a otros esclavos (Graham, 2016) estaba, y continúa estando en lo cierto. Las ocupaciones democráticas hechas por Estados Unidos deja claro esto; unos ganan, otros pierden.

Con lo mencionado anteriormente tal vez uno siga pensando, cómo es posible que en una práctica, en donde mueren miles o millones de personas logren darse cosas importantes, o como ya se había mencionado, que salgan a relucir las virtudes exaltadas por los filósofos de antaño. Es en los lugares más oscuros es donde más brilla la luz. Hay un sinfín de ejemplos, pero para evidenciar las virtudes hay que irse a la Grecia antigua y hablar de sus hijos más aguerridos: los espartanos.

La mayoría conocen la historia de los 300 (que hayan sido más o menos no tiene lugar en esta cuestión) espartanos que junto al rey Leónidas le hicieron frente a las hordas persas. Cerrar el paso a los persas porque después de este yacía no solo Esparta sino todo Grecia. No entraremos en detalles sobre el apego que cada griego sentía por su polis. Sin embargo, aquí encontramos una primera virtud: luchar por algo más grande que uno. Cuando llegó el tercer día de batalla y los griegos se dieron cuenta que habían sido traicionados y ahora estaban rodeados, no se rindieron. Los espartanos decidieron seguir luchando a pesar de que el resultado era la aniquilación total.

¡Resistencia incluso en la cara de la muerte! Con esa muestra de valor y coraje los espartanos confirmaron que eran hijos de Hércules. Esta segunda virtud ha sido recalcada y sigue siendo recalcada como uno de los pilares fundamentales de todo hombre. Camaradería, unidad, nunca rendirse, continuar con el deber sabiendo el resultado de este. La batalla de las Termópilas la ganaron los persas pero gracias al sacrificio de esos espartanos; un nuevo espíritu tomó posesión de los demás griegos para no rendirse.

El ejemplo anterior es tan solo una pequeña prueba de la grandeza del hombre frente a situaciones extremas. Lo importancia recae en que fue un conjunto de individuos los que decidieron hacerle frente; no fueron esclavos, ni animales, sino hombres libres que tomaron la decisión de morir allí. Ejemplos como estos hay muchos más, y seguirán existiendo muestras de grandezas. Así las cosas, resulta más fácil resaltar las virtudes en los individuos que en los grupos. Evidencia de esto son los recipientes de la Medalla de Honor, máxima decoración entregada por los Estados Unidos.

Esta condecoración es entregada “por acciones de supremo valor en contra de una fuerza enemiga” ("CMOHS.org - Official Website of the Congressional Medal of Honor Society", 2016). No es más que leer las citaciones por las cuales fueron entregadas dichas medallas para lograr entender de lo que es capaz de hacer el ser humano. El teniente John W. Finn, durante el ataque a Pearl Harbor tomó un calibre .50 y disparó a pesar de estar bajo fuego de aviones japoneses y estar herido ("CMOHS.org - Lieutenant FINN, JOHN WILLIAM, U.S. Navy", 2016). Su citación resalta su heroísmo.

Ambrosio Guillen, defendiendo un puesto de control logró movilizar a su pelotón a pesar de estar bajo fuego enemigo con morteros y artillería, a través de un terreno desconocido ("CMOHS.org - Staff Sergeant GUILLEN, AMBROSIO, U.S. Marine Corps", 2016). Personalmente supervisó el tratamiento y evacuación de sus heridos y gracias a ello, pese a estar herido, su pelotón se inspiró de nuevo y empezó a pelear contra los coreanos. Murió a causa de sus heridas pero su citación resalta su coraje, su valor personal, su indomable espíritu de valor con el cual, y gracias a él, ayudó a que su pelotón repeliera una fuerza mucho mayor y lograra la evacuación de los heridos ("CMOHS.org - Staff Sergeant GUILLEN, AMBROSIO, U.S. Marine Corps", 2016).

Con lo expuesto en líneas no se quiere hacer más que dar a entender que a pesar de las consecuencias, nefastas si se quiere, y que son inherentes en la guerra, es que es en ella en donde con mayor frecuencia el hombre saca a relucir la grandeza que existe dentro de él. En la literatura, arte, poesía, cine, se puede evidenciar, que la grandeza del hombre se expresa de diferentes formas, sin embargo, la guerra y las acciones realizadas durante esta, sirven de inspiración para los medios anteriores. A pesar de esto, lo dicho anteriormente no tendrá peso alguno si las virtudes que uno considera importantes son aquellas contrarias a las exaltadas en este escrito, pero aun así, la práctica de la guerra no es más que un medio para la liberación de las cualidades extraordinarias del hombre, y puede que llegue el día en que la guerra no sea necesaria para expresarlas.

Referencias:

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