Reflexiones sobre la promesa de la paz

“Las balas escribieron nuestro pasado, la educación nuestro futuro”
Balígrafo - McCann Worldgroup Colombia

Alejandro Badillo

Mis Apreciados familiares, amigos, compañeros, estudiantes, colegas y ciudadanos, escribo esta reflexión motivado tal vez por la urgencia de hacer un último ejercicio reflexivo esperando ayudar al indeciso e incluso motivar a quienes son más radicales y tienen definida su decisión a que revisiten su postura.

Empezare por reconocer que el próximo 2 de octubre nuestro voto no pone fin a todos los conflictos y las violencias históricas que están en nuestro país, como la violencia de género, la violencia urbana o la que se origina por conflictos con bandas criminales incluso mejor armadas que la policía. También es importante reconocer que hay concesiones insertas en los acuerdos, que a los ciudadanos no nos gustan como los delitos anmistiables, la participación en política, el pago de salarios o compensaciones a los milicianos que pertenecen al grupo guerrillero que hoy hace tránsito a la vida civil.

Por ultimo hay un elemento que también debe reconocerse que deja un sin sabor de boca de quienes trabajamos en entidades en el ejecutivo, como lo es el clientelismo, la politiquería y la tradición electorera que esto conlleva (como ejemplo se cita el nombramiento del jefe de campaña del sí a cesar Gaviria, o las directrices traslapadas de salir a marchar o participar en los eventos que promuevan el si por parte del ejecutivo)

Sin embargo, con los tres reparos arriba expuestos, que no son menos importantes en la toma de decisiones políticas, existe un juicio ético sobre la promesa de la paz, que se antepone e incluso supera cualquier objeción racional que aunque sustenta válidamente la postura del no a los acuerdos entre el gobierno y guerrilla.

Y es a través de la ética de la paz como lo ha llamado el profesor Rodrigo Uprimny que se sustentaran las reflexiones sobre la promesa de la paz, y es importante resaltar que el ejercicio del 2 de octubre solo impulsa la concreción de la promesa, es decir que la victoria del si en el plebiscito no trae consigo la paz, lo que significa que al día siguiente no gozamos de una paz estable y duradera, pero lo importante o significativo de la promesa de la paz es lo que genera en los ciudadanos, la potencialidad de las personas en pensar una nueva sociedad, de cambiar el ideario colectivo de una guerra eterna que han conocido distintas generaciones.

La promesa de la paz y la aceptación por parte de los colectivos sociales mediante una institución como el plebiscito es un acto de legitimación no solo de los acuerdos sino de primar la paz como bien colectivo de la sociedad, además de generar protagonismo a los ciudadanos quienes en últimas son quienes la construirán o construiremos con nuestras acciones.

Es plausible que este gobierno intente que sea la sociedad la que determine el fin del conflicto mediante las refrendaciones los acuerdos, que haya intentado publicitarlos y que la guerrilla haya aceptado integrarse a la sociedad reconociendo el orden constitucional vigente, (ese orden que reconoce la alteridad de las minorías, los derechos fundamentales, garantías sociales y la solidaridad como principio)

El próximo 2 de octubre no es un ejercicio electorero que en muchos lugares en la historia la votación se define por el pago del voto, más si la consulta concreta el surgimiento de una nueva ética social, el cual es la búsqueda de la paz, lo que trae consigo de intentar conciliar con el antagónico, de llegar a consensos, de promover condiciones de equidad, de aprender a perdonar y de asumir cargas posibles para sustentar una sociedad sin conflicto.

Cuando surgen las teorías del estado todas se sustentaban en la búsqueda de la paz, Hobbes por ejemplo estipulo que si las personas entregaban sus derechos al monarca este les garantizaría paz, así como autores más modernos como Rawls que estipula que las sociedades avanzadas son aquellas las que logran llegar a consensos que beneficien a todos los participantes de la sociedad.

La promesa de la paz, aunque es intangible de momento, que genera desconfianza por quienes la promovieron y como lo hicieron, es un sueño por el que vale luchar, pues soñar que el terror en las noches en el campo por los estruendos de disparos y explosiones cese, que los caminos en el territorio estén libres de los fantasmas de las minas, que los padres y madres tengan la tranquilidad de dejar a sus hijos salir a los colegios, y que ningún niño no tengan que pedir en sus oraciones por la liberación de sus padres, estructura un nuevo paradigma social donde podamos creer en las instituciones e intentar democráticamente acceder a ellas, de exigir el respeto de derechos sin dilación y que la garantía de estos se pueda solventar con el dinero que antes se utilizaba en la guerra.

El dos de octubre no se está votando por la paz de santos o la paz de la guerrilla se está votando por una promesa o un sueño colectivo, en el cual todos somos participantes, todos somos los arquitectos de esa nueva sociedad.

La historia nos juzgara como generación si aceptamos la paz como bien primario de la sociedad o si le dimos la espalda este ideario y por consiguiente nuestra sociedad seguirá sumida en la desconfianza en la angustia y el temor, en la rabia y en la mal llamada justicia sin impunidad que se soporta en la venganza.

Votar por el sí, a mi juicio es la acción más acertada no para mí, sino para mis hijos, pues sueño que cuando hablen del conflicto lo hagan en cátedras universitarias y no en las horas de la noche viendo en los medios la perpetuación de la violencia, votar por él sí, es el camino para la construcción de un ciudadano que prime el dialogo sobre la violencia, que crea que es a través de los ejercicios democráticos el mecanismo para hacer valer sus ideas, votar por él sí, es repensar el mundo es repudiar la violencia, quitarle justificantes y valorar la vida y las libertades, pensar en que todos cada uno de los que integran la sociedad cuenta y que la pérdida de su vida es una agresión a nuestro tejido social a nuestra memoria.

No temamos votar por una promesa, pues si la historia nos demuestra que nos equivocamos, les aseguro que el hecho de haber votado por refrendar los acuerdos para llegar a la paz nos hizo mejores ciudadanos, pues construimos un ideario de sociedad, explicitamos nuestra convicción de construir un país incluyente y que estamos dispuestos a perdonar, reparar y seguir adelante.



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