Las consecuencias de las guerras

CARLOS ALBERTO ALVARADO ORTEGÓN

  1. Hipótesis

Según nuestra historia el conflicto en Colombia viene de siglos atrás, sin embargo, en este ensayo quiero plasmar de manera crítica como desde el año en que nací 1972, he venido escuchando en estas últimas cuatro décadas que el país siempre ha estado en guerra.

Existen archivos documentales que nos muestran los eventos con los cuales Colombia nunca ha podido estar en paz:

  • Conflicto entre liberales y conservadores 1945.
  • Nacimiento de personajes, que confundiendo a campesinos y personas de poca preparación académica, creían en la igualdad, en el socialismo-
  • Nacimiento de Guerrillas, que supuestamente se habían formado para defender al pueblo. M-19, EPL, ELN,FARC entre otros.
  • Época de la marihuana, y comienzos del narcotráfico.
  • Creación de la Autodefensas Unidas de Colombia AUC.
  • Corrupción en los funcionarios del gobierno, ladrones de cuello blanco.
  • Delincuencia común.

Si observamos el panorama que nos antecede, es triste ver como el conflicto interno se ha venido generando por diferentes intereses en sectores particulares, los cuales sin importar en ningún momento la sociedad, buscan robustecer sus cuentas bancarias. Para nadie es un secreto que todas estas situaciones como el tráfico de sustancias y de armas son el dulce que atrae a todos estos delincuentes a conservar y mantener la guerra, puesto que esto resulta más beneficioso para todos esos actores que buscar la paz que tanto anhelamos la mayoría de los Colombianos.

  1. Marco Teórico:

Para sustentar mis hipótesis y futuras conclusiones he traído dos artículos que reflejan esta situación del conflicto armado colombiano.

Artículo Comité Internacional de la Cruz Roja, Marzo 10 de 2016.

Durante 2015, la organización registró 249 posibles violaciones a las normas humanitarias con cerca de 469 víctimas mujeres, quienes suelen pagar el precio más alto de los conflictos armados y ocupan un rol vital en el mantenimiento del tejido social de las comunidades afectadas por la guerra.

Además, 166 mujeres víctimas de violencia sexual recibieron atención del CICR, pero las cifras totales son mucho más altas. Este balance indica que este flagelo está lejos de terminar a pesar de la reducción de hostilidades.

El reclutamiento y la utilización de niños, niñas y adolescentes por los actores armados también sigue siendo una realidad en el marco del conflicto colombiano y otras situaciones de violencia. Durante 2015, el CICR registró 181 violaciones a las normas humanitarias que tuvieron como víctimas a unos 2.000 niños, niñas y adolescentes. Además, el año pasado, 35 menores se desvincularon de grupos armados y pudieron restablecer contacto con sus familias gracias al apoyo del CICR.

La vulneración de los niños, niñas y adolescentes va más allá del reclutamiento e incluye utilizarlos como informantes o transportadores de droga, pero también como perpetradores directos de la violencia.

Cuando los menores abandonan grupos armados que no forman parte del conflicto, si bien son acogidos por los programas de bienestar del Estado, no han podido acceder a una reparación ni a un programa especial de reintegración, tan necesarias para poder rehacer sus vidas. Es sumamente importante que las instituciones del Estado atiendan todas las necesidades que tienen como víctimas.

Artículo del El Espectador, Octubre 06 de 2015.

Desplazamiento en Colombia, impune

Colombia es el segundo país del mundo con más desplazados internos: 6,5 millones. Sin embargo, este flagelo está sumido en la impunidad. Las investigaciones y sentencias contra perpetradores y cómplices son escasas frente a las dimensiones de la tragedia.

Desplazamiento en Colombia, impune

Seis millones y medio de personas desplazadas en Colombia, casi el doble de habitantes de Uruguay, dan cuenta de las dimensiones trágicas de este flagelo en el país. Como si fuera poco, los casos en los que la justicia ha operado son mínimos. La impunidad ha estado vinculada estrechamente con el desplazamiento forzado, esa es una de las conclusiones del informe “Una nación desplazada”, que lanza hoy el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH). 

 

Prueba de lo anterior es que hasta el 2014, en la Fiscalía General de la Nación solo había 14.612 investigaciones activas por desplazamiento y un número bajo de denuncias, un recuento pobre frente a las dimensiones del flagelo. Además, las condenas emitidas en instancias judiciales contra los actores armados se han enfocado principalmente sobre delitos como el homicidio y la desaparición forzada.  

 

El desplazamiento forzado es  considerable en el país desde mediados del siglo pasado, fomentado por la violencia bipartidista y el surgimiento posterior de las guerrillas,  pero fue exacerbado a partir de la década de los 90, con la entrada definitiva de los grupos paramilitares al mapa del conflicto armado. Sin embargo, durante el siglo XX, la tragedia de millones de colombianos, el desarraigo, el abandono de sus tierras, sus bienes y sus seres queridos, fue matizada con tintes de levedad: como un efecto colateral del conflicto, a eso se reducía el éxodo masivo de colombianos. Solo a comienzos del nuevo siglo, sobre todo con la promulgación de la sentencia T-025 de 2004 de la Corte Constitucional, comienza “un largo proceso de lucha institucional por visibilizar la magnitud del fenómeno y dimensionar su impacto a nivel nacional”, señala el informe.

 

Y solo hasta el 2009, tras la formulación e implementación de la política de Verdad, Justicia y Reparación, el Estado colombiano define una línea de acción clara para que se empiecen a investigar con seriedad, rigor e imparcialidad, las causas y motivaciones del desplazamiento forzado, y sobre todo, sus responsables y el papel de quienes se han beneficiado, directa e indirectamente, del abandono obligado de 8 millones de hectáreas de tierra a lo largo de toda la geografía nacional.

 

El esclarecimiento sobre la verdad del desplazamiento es una deuda pendiente del Estado  con las víctimas; solo en el señalamiento de los perpetradores del desplazamiento forzado ya hay dificultades. Las cifras varían dependiendo de su origen. Según el Registro Único de Víctimas (RUV), las Farc han sido  responsables del 41% de los casos de desplazamiento, mientras que las estructuras paramilitares han sido las perpetradoras del 21%. Pero a partir del registro de Pastoral Social de la Iglesia Católica, la tendencia se dobla en el segundo caso: con el 45% de los casos, los paramilitares son el mayor desplazador, y a las Farc se les adjudica  el 41%. Estos datos se construyen con base en los relatos de las víctimas, pues a partir de procesos judiciales, tan escasos, es imposible.  

 

Sin embargo, el informe del CNMH resalta con inquietud la poca responsabilidad que se le asigna a la Fuerza Pública ¬11% según Pastoral Social pero sólo 0,8% en el RUV¬, que en cambio sí ha sido demostrada en varias ocasiones por la Corte Constitucional e incluso en el ámbito internacional, por la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

  1. Conclusión propia:

Pertenezco a una de las generaciones colombianas que desafortunadamente no ha podido saber que es vivir en paz. Sin embargo, también soy de aquellas personas que, de una forma u otra, no me ha tocado la guerra directamente.

Nací en el año de 1972 y a partir del momento del que tengo uso de razón y memoria solo he escuchado sobre el conflicto interno de nuestro país. La época de la violencia cuando empezaron nuestros compatriotas ignorantemente a matarse unos con otros por unos colores que pertenecían a los liberales (rojos) o conservadores (azules) del momento. Desde aquel instante, supuestamente, se crean los defensores del pueblo, de aquí surge uno de los personajes que le hizo más daño a Colombia, el mal llamado señor Manuel Marulanda Velez (alias “Tirofijo”).

Con su discurso pobre, mal hablado y popular llegaba a aquellas personas soñadoras y era capaz de confundirlas para dar inicio a su malévolo ejército de matones llamado las FARC-Ep. Aquella guerrilla incipiente al principio creía en las promesas de un mundo igual, equitativo y con oportunidades para todas las personas, sin embargo, esta convicción duró muy poco.

Son bautizados tales grupos de “insurgentes”. Pero en nada han ayudado a tener un mundo o un país mejor. Gracias a nuestra situación social se crean los ejércitos de liberación popular, el M-19, el EPL, las FARC, el ELN, las AUC y un resto más de organizaciones delictivas que no quieren, o no les interesa tener un país en paz. Sin embargo, esto da también para hablar de la corrupción en la nación. Es una bacteria igual de peligrosa a todos estos grupos de los cuales he venido haciendo mención. Pero todo esto es un caldo en descomposición que hemos tenido que soportar desde un siglo atrás, sin mencionar lo que antecede a todo esto.

Estoy totalmente convencido que el atraso de nuestro país, respecto de otros se debe sin lugar a dudas a los problemas generados por este conflicto interno que no tiene ninguna razón de ser. En otros países (sin querer justificar las guerras) tienen algunos puntos en los cuales difieren y son la razón por la cual se enfrentan, la religión, los hidrocarburos, el hambre, entre otros. En Colombia, teniéndolo todo, es más grande la ambición y la avaricia de unos cuantos que prefieren mantener una guerra sin sentido que nos afecta a todos, la cual genera consecuencias directas que han sufrido las personas menos favorecidas. Económicamente no tienen mucho pero tienen que “llevar del bulto” por encontrarse ubicados en el lugar equivocado, por haber nacido en familias campesinas que directa o indirectamente solo se han preocupado por producir alimentos para que el resto de Colombianos podamos tener un plato diario de comida en nuestras mesas. Esa guerra sufrida por compatriotas que dedican su vida a buscar la forma de tener un mejor futuro, sin la búsqueda de riquezas, ni opulencias que muchos de nosotros queremos tener.

Sin lugar a dudas, podemos decir que este conflicto tiene su origen en la ambición de los hombres que, sin importar las consecuencias, quieren ver sur cuentas bancarias o sus caletas rebosando de dinero. Es por eso que hace muchos años los colombianos dejamos de creer en estos personajes que disfrazados de ovejas, querían seguir engañándonos con sus discursos de la “lucha por la igualdad”. Ya se les destiñó el falso telón con el que cubrían todas sus malas acciones, dejando ver sus intenciones y lo podrido de sus pensamientos.

Les hablo del fin de estos grupos al margen de la ley y desafortunadamente, también entran muchas de aquellas personas que han aportado su granito o “volquetada” de arena para que esto sea peor. Por un lado, les hago mención a los mal llamados negocios como el terrorismo, el secuestro, la extorsión, el narcotráfico, pero también a todos aquellos delincuentes de cuello blanco que engañando a muchas personas de bien hacen lo imposible por llegar a los cargos de la nación, en los cuales tienen poder de decisión y se roban todo lo que se atraviesa en su camino, dejando sin ilusión y en la misma pobreza a los ciudadanos que depositamos nuestra confianza en ellos para que hagan un mejor país para todos, donde la educación, la salud, las oportunidades y una mejor forma de vivir sean todo..

Cuando mi memoria rebobina todas estas situaciones que he vivido desde aquel año en que nací, pienso con mucha rabia y desilusión. No es un secreto para ninguno de nosotros, los colombianos de bien, que dedicamos gran parte de nuestras vidas a trabajar honestamente, pero que tal vez tenemos algo de culpa por la indiferencia con la cual nos hemos acostumbrado a vivir. Somos responsables (en parte) de la situación en la que vivimos. En muchas ocasiones nos volvemos cómplices: cuando compramos un artículo robado, cuando recibimos dadivas o la famosa tajada, al dejar que algo se haga por fuera de lo debido, cuando por un lado estamos enseñando a nuestros hijos las cosas buenas pero hacemos lo contrario. La doble moral de muchos de nosotros hace que el conflicto que vivimos se alimente y haga crecer este caldo putrefacto que desemboca y concluye en todo aquello que no queremos, pero que de alguna manera ayudamos a sostener.

Esta guerra tiene consecuencias nefastas para todos nosotros, pero es un gran número de compatriotas que directamente las sufren. Todos aquellos que han tenido que ver la barbarie entienden lo absurdo de esta guerra: familias enteras desaparecidas, mutilados con las minas antipersonas, desplazados de sus tierras, huérfanos, y muchas otras formas en donde son afectados directamente personas que nada tenían que ver con esta guerra.

Cuántas familias desaparecidas en nuestro territorio Colombiano que luego de muchos años, los actores de este conflicto confiesan, haber enterrado en fosas comunes, y solo con el hecho de contar ya tienen todos los beneficios, cuando sabemos que son delitos de lesa humanidad.

Los mutilados con las minas antipersonal, miles de Colombianos, que por un grupo de desadaptados sociales, asesinos, tomaron la decisión de sembrar estos artefactos que han dejado a muchos de nuestros hermanos sin la posibilidad de tener una vida normal, porque en la mayoría de los casos por no decir en todos, nacimos completos como Dios nos creó, venimos de hogares humildes, pero llenos de amor, para que estas personas o mejor estas bestias decidieran otra cosa, por su estúpida guerra por la ambición de tener ese o aquel territorio, por tener la ruta por donde poder sacar sus narcóticos y así acrecentar sus riquezas.

Los desplazados de sus tierras, todos aquellos hermanos Colombianos que han tenido que dejar toda una vida atrás, sin reparo, sin poder decir una sola palabra, aquellos compatriotas que sin importar la hora, el clima, la situación han tenido que salir corriendo de sus humildes viviendas, porque una bestia de estas, así lo quiso, con muchos agravantes, por un lado llegar a las ciudades a engrosar los cinturones de miseria, en donde solo por el instinto de supervivencia se genera delincuencia, pobreza, y muchas otras cosas que no deberían estar viviendo. Por otra parte el sentimiento de rabia y frustración hace que muchos de ellos busquen la venganza, y entonces ubican a los grupos contrarios y entran a formar parte de esas filas de muerte y desolación buscando una mal llamada justicia en la que indirectamente se vuelven igual de malos.

Por todo lo anteriormente expuesto, no estoy de acuerdo con la guerra, pero también sé que es muy difícil cambiar la forma de pensar en un país en donde nos acostumbramos a decir que el más vivo es aquella persona que más roba, sin dejar huella, o es el que no hizo la fila por algo, o aquel que compró su cartón de estudio sin haber pasado nunca por un aula académica, o la persona que tiene un mejor cargo por ser el recomendado de tal o cual. Todas estas pequeñas situaciones son parte de aquel caldo de pudrición que alimenta a todos los actores que hacen parte del conflicto que vivimos. Por otra parte, como lo comenté, sé que cada uno de nosotros es responsable de la situación que vivimos, por eso solo le pido a Dios que me deje ver antes de morir un país en donde se pueda vivir con humildad, pero con la seguridad de poder opinar, salir y disfrutar todo aquello que nos brinda la vida.

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