Familia y violencia de género

¿ES LA VIOLECIA INTRAFAMILIAR UNA SIMPLE CUESTIÓN DE GÉNERO?

Pedro Reinaldo Valoyes Hurtado

La violencia intrafamiliar impacta con mayor fuerza en la discriminación basada en el género. Esta afecta de igual forma a todos los seres humanos: hombres, ancianos, mujeres y niños. Sin embargo, los más indefensos ante esta vulneración de derechos son las mujeres y los niños. La familia es por excelencia la institución más importante de la sociedad, porque es en su interior donde se desarrollan las habilidades afectivas, sociales y culturales en su esencia; desafortunadamente es allí donde se presenta mayor incidencia de violencia contra la mujer por la creencia de debilidad y sumisión que su ser comporta. Dicha violencia no solo involucra un aspecto físico, también incluye su parte psicológica y afectiva, entonces, vale preguntarse ¿Es la violencia intrafamiliar una simple cuestión de género?

Para poder determinar si la violencia intrafamiliar es una cuestión de género o no es necesario esbozar una acercamiento a la violencia de género. Es definida como una pugna entre el poder y la sumisión, donde la desigualdad en la distribución del poder entre las mujeres y los hombres conlleva a una violencia generada por la desvalorización de la actividad femenina y su subordinación al poder masculino, donde el hecho de ser mujer es visto como un factor de vulnerabilidad, .

La violencia de genero enfocada en la mujer adopta diversas formas de opresión, entre ellas se encuentran: la violación sexual e incesto, asedio sexual en el trabajo y en las instituciones de educación, violencia sexual contra mujeres detenidas o presas, actos de violencia contra mujeres desarraigadas, tráfico de mujeres y la violencia doméstica o violencia intrafamiliar.

Este tipo de violencia destruye la identidad, el bienestar social, psicológico y físico de quien la padece. De acuerdo a lo expresado por Naciones Unidas, el término violencia de género es utilizado «para distinguir la violencia común de aquella que se dirige a individuos o grupos sobre la base de su género». Así mismo, para la organización ONU-mujeres, este tipo de violencia «se refiere a aquella dirigida contra una persona en razón del género que él o ella tiene así como de las expectativas sobre el rol que él o ella deba cumplir en una sociedad o cultura» Y añade, «la violencia basada en el género pone de relieve cómo la dimensión de género está presente en este tipo de actos, es decir, la relación entre el estado de subordinación femenina en la sociedad y su creciente vulnerabilidad respecto a la violencia».

Otras prácticas que se desprenden de este tipo de violencia son los asaltos o violaciones sexuales, prostitución forzada, explotación laboral, el aborto selectivo por sexo, la violencia física y sexual contra prostitutas y/o prostitutos, infanticidio en base al género, castración parcial o total, ablación de clítoris, tráfico de personas, violaciones sexuales durante período de guerra, patrones de acoso u hostigamiento en organizaciones masculinas y femeninas, ataques homofóbicos, entre otros.

Las relaciones de género que tienen su base en el enfrentamiento del poder entre los individuos son el arraigo perfecto para este tipo de violencia. En su lucha no buscan establecer relaciones interpersonales o conocerse directamente, sino que marcan plenamente la desigualdad. Esto es contrario a las relaciones interpersonales e intrapersonales que desarrollan los individuos en la sociedad de acuerdo a su formación, idiosincrasia, cultura, religión entre otros aspectos, donde la base es el reconocimiento del otro como parte del entorno y/o la vida cotidiana.

Debemos hacer una salvedad teórica importante, no toda violencia contra la mujer se puede establecer como violencia de género, ni la violencia intrafamiliar obedece al conflicto de poderes entre hombres y mujeres.

Establecer un consenso entre la violencia contra la mujer como acto simple, y la violencia contra la mujer por cuestión de género no ha llegado a una distinción clara. Para los organismos oficiales el concepto de violencia de género tiene su raíz en la resoluciones 34/180 de 18 de diciembre de 1979 y 48/104 del 20 de diciembre de 1993 aprobadas por la Asamblea General de las Naciones Unidas, donde se define la violencia contra la mujer y muestra una arribo de lo que sería la violencia de género «“violencia contra la mujer” se entiende todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la vida privada» ,.

Asimismo, alrededor de la década del 2000 la UNICEF, la agencia europea EIGE, The Women’s Health Council, el Departamento de Justicia e Igualdad de Irlanda, la Corte Penal Internacional, el Consejo Internacional de Organizaciones Voluntarias o Human Rights Watch, acogieron la definición de violencia de género presentada por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados como «una violación de los derechos humanos, flagelo que afectaba a mujeres, hombres, niños y niñas; ya que este tipo de violencia se dirige en contra de una persona sobre la base de su género o sexo».

Entre tanto las entidades nacionales e internacionales han generado convenciones y leyes para restablecer los derechos de las mujeres. Un ejemplo de ello es la Convención Interamericana para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer "Convencion de Belem do Para", hace un reconocimiento al respeto irrestricto a los derechos humanos que fueron consagrados en la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre y en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Reconoce que la violencia contra la mujer es una violación de los derechos humanos y las libertades fundamentales, que solo muestra la desigualdad histórica entre las mujeres y los hombres, la cual transciende a todos los sectores de la sociedad sin tener en cuenta la clase, raza o grupo étnico, cultura, edad o religión.

Es así la violencia de género se debe entender como cualquier acción o conducta que cause muerte, daño o sufrimiento físico y psicológico. En esta definición se incluyó que toda violencia que se genera dentro de la familia, en las relaciones interpersonales, en la comunidad que comprenda: violación, abuso sexual, tortura, trata de personas, prostitución forzada, secuestro y acoso sexual en el lugar de trabajo, así como en instituciones educativas, establecimientos de salud o en cualquier otro lugar, además, se incluyó la que es perpetrada o tolerada por el Estado o cualquiera de sus agentes.

Esta convención protegió los derechos de la mujer a tener una vida libre de violencia en los ámbitos públicos y privados, respeto por su vida, su integridad física, psíquica y moral, proclamó el derecho a no ser sometida a torturas, derecho a la igualdad ante la ley y de la ley, el derecho a un recurso sencillo y rápido ante los tribunales competentes, que la ampare contra actos que violen sus derechos; el derecho a la libertad de asociación; el derecho a la libertad de profesar la religión y las creencias propias dentro de la ley; el derecho a tener igualdad de acceso a las funciones públicas de su país y a participar en los asuntos públicos, incluyendo la toma de decisiones.

De otro lado, también consagró los deberes de los Estados. Entre ellos se encuentran condenar todas las formas de violencia contra la mujer, abstenerse de cualquier acción o práctica de violencia contra la mujer y velar para que las autoridades, sus funcionarios, personal y agentes e instituciones se comporten de conformidad con esta obligación; actuar con la debida diligencia para prevenir, investigar y sancionar la violencia contra la mujer.

Además, se determinó que los Estados deben Incluir en su legislación interna normas penales, civiles y administrativas, así como las de otra naturaleza que sean necesarias para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer y adoptar las medidas administrativas apropiadas que sean del caso; adoptar medidas jurídicas para conminar al agresor a abstenerse de hostigar, intimidar, amenazar, dañar o poner en peligro la vida de la mujer de cualquier forma que atente contra su integridad o perjudique su propiedad.

Las obligaciones se extendieron para ofrecer a la mujer objeto de violencia acceso a programas eficaces de rehabilitación y capacitación que le permitan participar plenamente en la vida pública, privada y social; alentar a los medios de comunicación a elaborar directrices adecuadas de difusión que contribuyan a erradicar la violencia contra la mujer en todas sus formas y a realzar el respeto a la dignidad de la mujer.

La importancia de dichas resoluciones y convenciones radica en se abre una puerta para que los Estados no solo tengan injerencia en la violencia pública que de una u otra manera estaba regulada; a su injerencia en la violencia privada, aquella que se presume que se da en el núcleo familiar donde el ser humano desde su nacimiento adquiere las habilidades sociales que le permiten vivir en comunidad y donde aprende sobre sus derechos y deberes para con los otros, reconociendo que la mujer ha sido una víctima de la violencia desde épocas remotas y es deber de la sociedad revindicar su lugar dentro de la misma.

La adopción de leyes y convenciones que permitan ver la violencia contra la mujer como un problema social público y no como un asunto privado ha dejado en evidencia la vulneración de los derechos de las niñas y de las mujeres que se arraiga en la historia de la familia y las relaciones que se establecen dentro de ellas entre el hombre y la mujer, donde el modelo social patriarcal ha vulnerado los derechos y el reconocimiento de la mujer como un ser humano autónomo generando una discriminación que ha llegado al punto de cometer feminicidios dentro del mismo núcleo familiar y la sociedad.

Sin embargo, el cambio de modelo social de familia patriarcal a un modelo diferente donde familia esta dirigida tanto por la madre como el padre ha transformado la violencia intrafamiliar desigual y discriminación a una violencia implacable que castra y mata la mujer en vida como los son los ataques con ácido, la ablación y el empalamiento, donde ambos tipo de violencia pasan de ser física a violencia psicológica degradante donde se le recuerda al ser agredido su situación de vulnerabiliad.

El término feminicidio se ha desarrollado a partir de los planteamientos del termino Feminicide acuñado por Diana Russel y Jill Radford en su texto Feminicide. The politics of women killing, de 1992, en Colombia este término tomo un viraje de una simple expresión feminista a un delito autónomo de relevancia social a partir del asesinato de Rosa Elvira Celi, en 2012 en el Parque Nacional punto de partida para tipificar el feminicidio como un delito autónomo que se castiga hasta con 41 años de cárcel, teniendo en cuenta que es un homicidio de una mujer por razones de género y discriminación, esta ley es un mecanismo de prevención de la violencia contra la mujer considerando el feminicidio como toda aquel asesinato de una mujer cometido por quien hayan tenido una relación íntima con la víctima, ejerza sobre el cuerpo y la vida de la mujer actos de instrumentalización de género o sexual, o cometa el delito aprovechando relaciones de poder ejercidas sobre la mujer o para generar terror o humillación,(Ley 1761 06 de Julio de 2015)

En Colombia, 88 mujeres fueron asesinadas por sus parejas o exparejas en 2014, según un informe de la Comisión Económica para América Latina (Cepal) sobre feminicidio en la región, lo que muestra como desde las relaciones más cercanas las mujeres son violentadas. Otro ejemplo del ataque de la sociedad es la Ley 1773 de 2016 “Natalia Ponce de León”, en honor a Natalia Ponce de León, quien es un símbolo de lucha y perseverancia contra los ataques que sufren la mujeres con ácido en Colombia, se convierte en una esperanza para la victimas que han sufrido este flagelo que esperan que se disminuya con el aumento de la pena, la cual estaba tipificada como lesiones personales donde la pena no superaba los 26 años de prisión, con la aprobación de esta ley se convierte en un delito autónomo “lesiones con agentes químicos o ácido” lo cual significa que tendrá un aumento de pena oscilando entre 30 y 50 años, acotando que los ataques con ácido es una de las formas de violencia cueles que acaba con la integridad física y psicológica de quien la padece y su entorno familiar y social.

La aceptación de la violencia intrafamiliar como un problema del diario vivir que es común entre las parejas ha hecho de este tipo de violencia, un arma silenciosa que aniquila los derechos de las mujeres, sin decir que los hombre no la padezcan. La cultura, la sociedad, la educación entre otros factores desde el origen mismo de la familia ha convertido a la mujer en propiedad del hombre, como se había dicho en líneas anteriores es el patriarca, y a este patriarca le pertenecían los bienes materiales de la familia y cada uno de sus miembros. Por ello, la mujer pasaba de la dominación del padre a la dominación del esposo, quienes tenían plena autoridad sobre ella decidiendo sobre su vida.

La Roma Clásica es un ejemplo de estas relaciones patriarcales donde el paterfamilias “hombre” tenía derecho a decidir sobre la vida o muerte de sus hijos, es así que podía venderlos como esclavos, abandonarlos al nacer al no cumplir con sus expectativas de físico y género, entregarlos a sus acreedores como expiación del delito o falta. Los padres podían decidir con quién casar a su hijas bien fuera para salir de la carga de su manutención o por conveniencia económica.

Lo que muestra que la violencia comienza en la familia donde los derechos son mutilados por pensamientos patriarcales atávicos donde la mujer debe ser sumisa al hombre soportando todo tipo de violencia por parte del esposo, ritos culturales mutiladores de su cuerpo como lo es la ablación que está ligada a la condición femenina, el intercambio monetario como dote por su cuerpo ofrecido en matrimonio, el infanticidio y otras formas de violencia.

En la película Una Nación sin Mujeres se puede evidenciar las diferentes formas de violencia y aniquilación de los derechos de la mujer desde que nace, siendo el infanticidio un forma de violencia por la condición de género “femenino” al enfrentarse a una desigualdad entre la cantidad de hombres y mujeres, además, se ve el nacimiento femenino como la extinción de la prolongación del apellido por parte del padre, quien es el que decide sobre la vida del ser que nace. Así mismo, es quien decide con quien deben casarse las hijas tomando un provecho monetario por dichas bodas.

Y como es natural con la boda no acaba la violencia ya que una vez casadas las mujeres siendo todavía unas niñas son sometidas a una esclavitud sexual que no se restringe solo al esposo sino aquello varones que convivan y hagan parte de la familia, sometiendo a la mujer a una degradación que daña su autoestima.

En resumen, no toda violencia contra la mujer se puede establecer como violencia de género, sin desconocer que es a esa visión de desigualdad e indefensión ha marcado la vida de muchas mujeres, las cuales han luchado y siguen luchando porque sus derechos le sean respetados; la violencia intrafamiliar obedece a una marcado pensamiento arraigado culturalmente donde el hombre combate por el poder un poder que no media entre los derechos y los deberes, sino que elimina toda participación igualitaria de los miembros que componen el núcleo familiar y el entorno social, una visión patriarcal enraizada con la violencia como su arma principal, donde suele empobrecer el rol de la mujer.

En la actualidad, es ineludible analizar el tema de los derechos humanos, la caracterización del rol de la mujer en la sociedad y la violencia de género desde una perspectiva que posibilite los cambios culturales necesarios para reconocer la importancia de la mujer, en el desarrollo de una sociedad incluyente y protectora de los derechos de cada uno de sus participantes. Donde la distribución desigual del poder no siga aniquilando la oportunidad de reconciliar las relaciones intrafamiliares e interpersonales. Asimismo, el cambio social que exige el respeto de los derechos de las mujeres debe incluir las diferentes formas de pensar, sentir y actuar de cada una de ellas, para generar la vinculación de la familia como una verdadera institución formadora de la vida.

BIBLIOGRAFÍA

Conveción de Belem do Pará. (20 de Junio de 1995). Departamento de Derecho Internacional Organización de los Estados Americanos Washington D.C. Recuperado el 27 de Marzo de 2016, de http://www.oas.org/juridico/spanish/tratado/a-61.html

Ley 1761, Rosa Elvira Celí. (Corte Suprema de Justicia 06 de Julio de 2015).

Ley 1773, Natalia Ponce de León (Corte Suprema de Justicia 15 de Enero de 2016).

Asamblea General de la ONU. (1993). Declaración sobre la eliminacion de la violencia contra la mujer. Resolución 48/104, 20 de diciembre de 1993.

NU.CEPAL. Unidad Mujer y Desarrollo. (1996). Violencia de Género: Un Problema de Derechos Humanos. CEPAL.

Be the first to comment

Leave a Reply