El totalitarismo de las mayorías

Una breve introspección en la política de Colombia[1]

 

“Y así muere la democracia bajo el sonido apabullante de un millón de aplausos”

 

Anónimo

 

Alejandro Badillo Rodríguez

 

Junio de 2009

 

Es indudable que el ordenamiento jurídico y político del Estado tiene su basamento en la democracia y un sistema constitucional que lo preserva. Sin embargo, hay ciertas actuaciones que se asimilan al modelo totalitario, por lo tanto, este trabajo intentará demostrar que un régimen totalitario puede crearse de forma constitucional, con base en la decisión de las mayorías.

 

Esta pretensión choca con las tesis que no conciben la coexistencia del autoritarismo y la democracia. Pero, vale aclarar que los grandes regímenes totalitaristas de la historia han sido impulsados por las mayorías.

 

En Latinoamérica han proliferado los regímenes autoritarios que surgieron con la construcción del Estado-Nación. Además, los pueblos con aquiescencia lo han permitido. En este escrito me preocuparé por exponer las características propias del régimen totalitario y su aproximación con el gobierno actual (En ese año el presidente era Álvaro Uribe), esto sin desconocer que en la historia colombiana podrían analizarse otros gobiernos como el de Turbay o el gobierno de Rojas Pinilla.

 

No obstante, las particularidades de este último gobierno, sus reformas a la constitución, a las instituciones políticas y jurídicas, la consolidación y primacía suprema de una política llamada “seguridad democrática”, la repotenciación de las fuerzas militares, el monopolio de los medios, y el alto grado de popularidad entre un grupo mayoritario dentro del contexto electoral, son elementos idóneos que permiten comparar si el gobierno actual realmente respeta la democracia, o todo lo contrario, la utiliza como un argumento retórico para legitimar su actuación.

 

El problema que se desarrolla

 

¿Existe un gobierno autoritario dentro del Estado democrático colombiano actual?

 

A este cuestionamiento respondería con un “sí” condicionado. Si mi respuesta fuese simplemente afirmativa, desconocería que el gobernante actual (Uribe) accedió al poder mediante la aparente práctica democrática (tanto en su primera elección como en su reelección), que nominalmente aún existe la separación de poderes (este tema será tratado más adelante) y que se respeta un catálogo de derechos fundamentales. Esta última característica es tal vez la más debatible, debido a que en los últimos años el Estado colombiano ha sido acusado ante organismos internacionales por vulnerar los derechos fundamentales, además la concreción de muchos de estos derechos tienen que ser protegidos por vía judicial.

 

Ahora bien, para poder afirmar que el gobierno colombiano ha sobrepasado la delgada línea que separa un régimen democrático de un régimen autoritario, debe existir una importante carga argumentativa, para que el presente escrito escape de las afirmaciones meramente especulativas y los criterios subjetivos.

 

Es innegable no poder separar el criterio analítico del sentimiento subjetivo, sin embargo, para demostrar que el gobierno actual ha transgredido la democracia y se ha convertido en un régimen autoritario, me permitiré conceptualizar que es el totalitarismo y el autoritarismo para luego contrastarlo con algunos de los actos ordenados por el gobierno colombiano, para llegar a una conclusión con pretensión de que esta sea objetiva sustentada en la razón.

 

Intento de conceptualización

 

Es pertinente definir el concepto de totalitarismo. En lo que concierne a este trabajo, se definirá como el movimiento permanente y violento del aparato estatal hacia un fin determinado. Aunque en apariencia esta definición es plana, las palabras “movimiento permanente” y “hacia un fin determinado” explican de manera acertada el fenómeno totalitario, y las razones de su surgimiento.

 

Dicho movimiento permanente originó una violencia arraigada en contra del sistema político, ya que la estructura Estatal suele tener un movimiento periódico y lento, pues tiene como base instituciones políticas y jurídicas que impiden un dinamismo marcado.

 

De igual manera, las instituciones vigilan la legalidad de la acción estatal, es decir, que el estado se constituye por ramas de poder que usualmente se controlan entre sí. Este control ayuda a que no existan desmanes de poder, pero también hace que el aparato estatal parezca lento, casi estático y esta falta dinamismo es el resultado de la génesis histórica material que poseen las instituciones. Esto hace difícil su desconocimiento y supresión, por lo tanto, el fenómeno totalitario al momento de surgir contrajo de manera desproporcionada una violencia exagerada contra las estructuras o instituciones que imperaban en el momento. Así como una ideología marcada (ideología no conocida para las víctimas) que iba en contra de un grupo determinado.

 

Otra forma de conceptualizar el fenómeno parte de la ocurrencia de los hechos que dieron origen al totalitarismo. Esta concepción[2] abstraída de la impresión empírica consideraría al régimen totalitario como un fenómeno de reciente incursión en la formación de la política del siglo XX. Su aplicación atiende a la creación de una ideología de supremacía racial y étnica, que permite al líder de un movimiento totalitario proyectar metas personales sustentadas en la sociedad general, lo cual le otorga legitimidad por medio de la fuerza y la intolerancia.

 

Según esta concepción el totalitarismo tendría rasgos básicos que lo diferencia de otros sistemas[3] tales como: 1.El Estado, que tiende a regimentar la totalidad de las relaciones sociales, 2. El Estado que controla (o pretende controlar) la mayoría de los aspectos individuales de los coasociados, 3. El Estado que ostenta rango preeminente, bien sea en el plano axiológico y en la efectiva organización de la vida en sociedad, sobre todo cuanto concierne a la existencia de cada individuo.

 

Ahora bien,  al Estado totalitario le interesa regular, coordinar, coaccionar y vigilar muchos más de esos aspectos, y más a fondo, que lo habitual en cualquier otro tipo de régimen. Al servicio de esta estructura totalitaria básica[4], se ha hecho notar que el Estado maneja una serie de medios típicos, que pueden clasificarse en dos tipos:

 

Medios negativos: Aquellos que específicamente crean prohibiciones en el individuo. Consisten en grados extremos de falta de libertad[5]

 

Medios positivos[6]: Lo que el régimen hace específicamente para imponerse como sistema.

 

En conclusión, el régimen autoritario logra establecerse cuando las mayorías que hacen parte del Estado aceptan las políticas implantadas. Se atisba que la sociedad guarda ciertas características que la diferencian de los demás sistemas como el culto a la acción, culto a lo irracional, y un culto a lo nuevo[7].

 

Como ejemplo se pueden citar el nazismo[8] y el fascismo[9]. Estos sistemas surgieron como ideologías innovadoras que enamoraron a sus seguidores, los cuales creyeron alentar la salvación de su sociedad. No obstante, para los terceros (ya sean los individuos que rechazaron tal ideología o los sujetos que fueron objeto de odio por la misma) se enfrentaron a una máquina que, de manera mecánica, tomó al individuo opositor como parte de una masa, la cual debía ser exterminada en procura de obtener el fin político trazado.

 

Por otro lado, el autoritarismo se puede concebir como una manera de ejercer la autoridad en las relaciones sociales, por parte de alguno o algunos de sus miembros, en donde se extreman la irracionalidad, la ausencia de consenso y la falta de fundamentos en las decisiones. Originando un orden social opresivo y carente de libertad para una parte de los miembros del grupo social.

 

El término autoritario se usa para calificar a organizaciones o Estados que pretenden conservar el poder político mediante mecanismos no democráticos.

 

Diferenciación entre totalitarismo y autoritarismo

 

Juan J. Linz[10] hace una distinción entre régimen autoritario y régimen totalitario. Según el autor hay particularidades diferenciadoras entre los dos regímenes. Define  3 características que desarrollan el contenido del régimen totalitario:
  1. Tiene una ideología elaborada destacando el ensalzamiento del líder.
  2. Busca el apoyo de las masas, no sólo someterlas.
  3. Su meta última es realizar grandes cambios en la sociedad y no sólo imponer su poder sobre la misma.
Con base en la teoría de Juan J. Linz, el totalitarismo se diferencia del autoritarismo en el grado de intensidad[11] en que se manifiestan algunos de sus elementos comunes:
  • Concentración de poder en una sola persona o grupo muy reducido, usualmente un partido político o movimiento, que incluso puede conducir al culto a la personalidad del líder.
  • Justificación de la actuación política mediante una doctrina global que se manifiesta en todas las esferas de la actuación humana: economía, cultura, familia, religión.
  • Empleo sistemático del terror, por medio de una policía secreta para eliminar a la disidencia u oposición.
  • Uso de los campos de concentración para aislar a la oposición y enemigos del régimen.
  • Mientras el autoritarismo busca acallar a los disidentes y evitar sus expresiones en público, el totalitarismo no solo busca acallar sino también extirpar las formas de pensamiento opuestas, mediante el adoctrinamiento y la remodelación de las mentalidades culturales.

 

No obstante, el elemento esencial que comparten los regímenes totalitarios es la voluntad de convertir la política estatal en un mecanismo para controlar todas las esferas de la actividad humana y ocupar todo el espacio social[12].

 

Para fines metodológicos no me preocuparé por aplicar tal diferenciación, pero sí compararé las características del régimen con las especificidades del gobierno colombiano.

 

De otro lado, en los Estados-Nación latinoamericanos existe un problema entre las decisiones mayoritarias y el constitucionalismo, que han permitido el desarrollo de regímenes autoritarios. Porque al concebirse las decisiones mayoritarias como un mecanismo sin límites, se podría tomar cualquier clase de decisión, lo que haría que el procedimiento fuese peligroso, tal y como lo expresa Waldron[13]: “Si la regla de la mayoría opera como procedimiento de decisión no sujeto a restricciones sustantivas, a través de él será posible adoptar decisiones con cualquier contenido. Y eso, se supone, es precisamente lo que la haría peligrosa, puesto que obviamente la mayoría puede decidir oprimir a la minoría.”

 

Suponiendo que algunas decisiones mayoritarias fueran impulsadas más por pasiones que por argumentos racionales, y ocasionaran vaciamientos en conceptos y atentaran contra intereses de la minoría, el constitucionalismo (en apariencia) salvaguardaría un conjunto mínimo de derechos, controlando en cierta forma las decisiones que afecten o destruyan ciertos bienes jurídicos básicos.

 

Sin embargo, afirmar que el constitucionalismo establece cosas que las mayorías no pueden tocar es desconocer el procedimiento de cómo se llegó a la decisión de cuáles intereses serían intocables. Es decir, que si una sociedad decide que lo fundamental es la dignidad humana y sobre este principio no existe nada más fuerte o superior, sería desconocer que, de alguna manera se tomó la decisión sobre qué es lo que las mayorías no podrán decidir[14].

 

Este control permite que el Estado imponga límites a los gobernantes electos para que estos no excedan arbitrariamente en el ejercicio de sus funciones. Es la base del principio Madisoniano que permite ser gobernado por el peor de los hombres, sin que su gobierno sea malo ya que las instituciones están preparadas para soportar un gobernante lesivo y mantener la democracia.

 

Es importante acotar que un modelo constitucional puede impedir la proliferación de un régimen autoritario o totalitarista, ya que el constitucionalismo es construido[15] a partir del conjunto de normas que estructuran y determinan la forma de Estado, como por ejemplo las normas que sancionan el estatuto de los derechos fundamentales y las reglas normativas que establecen un sistema económico preponderante.   Estas normas se relacionan entre sí, por lo que se infiere que existe una relación entre el Estado y el concepto de derechos fundamentales, contenido en un determinado ordenamiento, pues el nexo entre los derechos fundamentales y Estado de derecho nace de la premisa de que el “Estado de Derecho exige e implica para serlo garantizar los derechos fundamentales, mientras que éstos exigen e implican para su realización al Estado de Derecho[16] es decir, que las formas de Estado obedecen en gran parte al catálogo de derechos que se encuentren reconocidos y al régimen de gobierno y las leyes de tipo constitucional.

 

Una breve introspección en la política de Colombia

 

Hay dos tesis vigentes sobre el proceso de construcción del Estado-Nación. La primera afirma que el proceso de construcción del Estado en Colombia concluyó con la regeneración,[17] la segunda tesis plantea que en Colombia no se ha terminado de construir el Estado-Nación.

 

Aun tomando una de las dos tesis se observa que el punto de partida en donde se conjugan los tres elementos del Estado (catálogo de derechos reconocidos, un régimen de gobierno y las leyes de tipo constitucional) y se configura una estructura estatal es en la constitución de 1886. Este texto constitucional fue producto de la regeneración, aunque aún existe el debate sobre si logró terminar o no el proceso de construcción del Estado, es desde dicho texto que el Estado colombiano muestra especificidades políticas propias.

 

La regeneración fue ideológicamente conservadora y socialmente hacendaria. La regeneración fue un régimen político hegemónico ayudado por un consenso de las mayorías de las elites, consolidando la institución estatal como un régimen presidencial y centralista, sustentado en un bipartidismo sectario.

 

La constitución de 1886, que tuvo una vigencia de más de un siglo, consolidó el régimen presidencialista y fortaleció el bipartidismo. Signos que orientan a demostrar que aunque si bien el sistema era democrático, tenía un corte hegemónico entre los de partidos existentes. Nótese entonces que la estructura del Estado-Nación permitía la existencia de un sistema democrático limitado favoreciendo un eventual régimen autoritario.

 

Es importante observar que desde su construcción, la institución Estatal siempre ha favorecido a un bipartidismo sectario que ha mantenido la hegemonía de las personas que gobiernan. Aunque la mayoría de los presidentes han sido elegidos mediante voto popular no significa que exista un sistema democrático pleno, pues en muchos casos la participación fue limitada por el poco acceso a la información y por la violencia vigente en las distintas regiones.

 

Es lógico pensar que en el proceso de consolidación de un Estado el autoritarismo puede convertirse en una forma aceptable para reforzar el monopolio de la coerción, sacrificar los costos políticos y generar una deslegitimación de los coasociados.

 

Es indudable que el régimen colombiano implícitamente ha tenido matices autoritarios en su historia. Un ejemplo de esto es  el frente nacional a mitad del siglo XX que, aunque algunos autores lo hayan diferenciado como otro tipo de régimen, denominándolo conseciacionalismo[18] en él se configuraron los elementos constitutivos del autoritarismo. Aunque las personas que ocuparon la silla presidencial durante este periodo fueron diferentes, sí existió una incomodidad constante en la historia política de Colombia  por dicha hegemonía bipartidista cuasi totalitaria.

 

Crearon una clase política que pareciese destinada a gobernar, a manejar a su arbitrio los hilos y el destino de una sociedad, satisfaciendo sus intereses particulares y no los de los coasociados.  Aunque el poder no haya estado en manos de un solo gobernante, sí estuvo en manos de una sola clase política, la cual solo acudía las mayorías de votantes para acceder al poder y legitimar su presencia en el gobierno. Es decir, que es posible que el régimen colombiano siempre haya sido de corte autoritario, aun sin existir una cabeza visible en el siglo anterior que se auto proclamara gobierno.

 

Se podría afirmar que hemos sido gobernados por burocracias autoritarias, situación que considero nefasta, pues los regímenes totalitarios cuando aparecen son tan dinámicos e irresistibles que terminan por perecer, pero en el contexto colombiano, existiendo claros desmanes de la autoridad pública en contra de la sociedad civil, el irrespeto descarado por la vida, el desinterés por la creación de políticas sociales, la desidia por crear mecanismos de participación democrática, las precaria presencia del Estado para la prestación de los servicios públicos, demuestran que el Estado colombiano benefició siempre los intereses de la minoría más poderosa. Esto ha creado políticas que acrecentaron la riqueza y el poder, volviendo al Estado un paraíso fiscal para sujetos internacionales, y tomando a los integrantes de la sociedad como partícipes de la democracia únicamente al momento de votar y tributar. Sin embargo, si siempre hemos estado bajo el flagelo autoritario ¿por qué no ha reaccionado el pueblo para intentar un cambio de sistema?
  1. Este escrito se construyó analizando el gobierno de Álvaro Uribe Vélez desde 2001 hasta 2010
  2. Los origenes del totalitarismo 1968 En Los orígenes del totalitarismo Hannah Arendt desentraña las corrientes subterráneas en la historia europea que prepararon el advenimiento del fenómeno totalitario y caracteriza las instituciones, la ideología y la práctica de los regímenes estalinista y hitleriano. La primera parte —Antisemitismo— está dedicada al ascenso y expansión a lo largo del siglo XIX de una ideología que terminaría por convertirse en catalizador del movimiento nazi, mientras que la segunda —Imperialismo— analiza la génesis y los rasgos del imperialismo europeo desde finales del siglo XIX hasta la Gran Guerra de 1914, y la tercera —Totalitarismo— está dedicada al análisis de los totalitarismos nazi y soviético no como “una exacerbación de los regímenes dictatoriales anteriores”, sino en términos de su “radical novedad histórica”
  3. Es Importante aclarar que las dos primeras características son tendenciales, es decir que en un régimen totalitario puede o no tener estas especificidades.
  4. Julio César García Ramírez El Totalitarismo Como Régimen Universidad Nacional Autónoma De México Facultad De Ciencias Políticas Y Sociales Sistema De Universidad Abierta filosofía Y Teoría Política Contemporánea
  5. La falta de libertad se expresa en los siguientes rubros principales: Libertades de conciencia, expresión, información y educación. Libertades políticas, de asociación y en general de participación independiente –individual y grupal– en la formación de la voluntad estatal. Libertades económicas, de propiedad individual, producción o comercio.
  6. Los principales medios positivos son: Partido único en cuyo frente hay un jefe con poderes prácticamente ilimitados o en todo caso, formidablemente amplios y él mismo constituye también la máxima autoridad, economía centralizada, una ideología oficial con alcance de cosmovisión social global y globalizadora (Weltanschauung), impuesta de manera incondicional y coercitiva para la totalidad de la población en el territorio sometido a la soberanía estatal.
  7. Culto a la acción: las mayoras aceptan los actos del estado en donde se acepta violencia y militarización y los actos a que intenten la construcción de la unidad nacional de la sociedad- culto a lo nuevo: la sociedad acepta las ritualidades la estilización de la belleza tanto
  8. El nazismo es una ideología que surge en la Alemania de los años 20 pero que no alcanzará importancia hasta los años 30, momento en que las duras condiciones de paz impuestas en el Tratado de Versalles (1919) se juntan con la grave crisis mundial del Jueves Negro en 1929. A nivel mundial, las democracias liberales quedan fuertemente desacreditadas. La situación mundial parecía dar razones a las reivindicaciones obreras tradicionalmente vinculadas al marxismo y socialistas del siglo XIX. La acumulación de la producción llevó a la quiebra de las empresas, despidos masivos de trabajadores y la situación se agrava aún más. En Alemania la situación es más acuciante aún, ya que a los devastadores efectos económicos se sumaba la obligación de pagar el tributo de la derrota en la Primera Guerra Mundial, y el descontento popular ante la injusta situación que hacía que las calles se llenaran de manifestaciones extremistas de toda índole, tanto de izquierda como de derecha
  9. Fascismo es una ideología política fundamentada en un proyecto de unidad monolítica denominado corporativismo, por ello exalta la idea de nación frente a la de individuo o clase; suprime la discrepancia política en beneficio de un partido único y los localismos en beneficio del centralismo; y propone como ideal la construcción de una utópica sociedad perfecta, denominada cuerpo social, a partir de la hegemonía de las élites (oligarquías patronales, sindicales, burocráticas, militares, religiosas, todas unificadas por el gobierno), a las que deberían seguir y obedecer las masas (idealizadas como protagonistas del régimen, legitimándolo) para formar una sola entidad u órgano socio-espiritual indivisible.[5] Utiliza hábilmente los nuevos medios de comunicación y el carisma de un líder dictatorial en el que se concentra todo el poder con el propósito de conducir en unidad al denominado cuerpo social de la nación.El fascismo se caracteriza por su método de análisis o estrategia de difusión de juzgar sistemáticamente a la gente no por su responsabilidad personal sino por la pertenencia a un grupo. Aprovecha demagógicamente los sentimientos de miedo y frustración colectiva para exacerbarlos mediante la violencia, la represión y la propaganda,[6] y los desplaza contra un enemigo común (real o imaginario, interior o exterior), que actúa de chivo expiatorio frente al que volcar toda la agresividad de forma irreflexiva, logrando la unidad y adhesión (voluntaria o por la fuerza) de la población..[7]
  10. Juan José Linz Storch de Gracia (Bonn, Alemania, 24 de diciembre de 1926) abreviado en Juan J. Linz es profesor de ciencia política en la Universidad de Yale. Se licenció en Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad Complutense de Madrid y amplió sus estudios con la licenciatura en Sociologia en la Universidad de Columbia de Estados Unidos. Sus trabajos más conocidos versan sobre las teorías de los regímenes totalitarios y autoritarios, la quiebra de las democracias y las transiciones a regímenes democráticos. Se ha especializado en el análisis comparado, ha coordinado equipos para el análisis de varios países y ha trabajado intensivamente sobre el caso español.
  11. Linz, Juan J. 2000 Totalitarian and Authoritarian Regimes, Rienner
  12. Linz, Juan J. 2000 Totalitarian and Authoritarian Regimes, Rienner
  13. Bayón Juan Carlos DERECHOS, DEMOCRACIA Y CONSTITUCION editorial trotta abstraido de la critica de waldron Jeremy al constitucionalismo.
  14. que afirmar que el constitucionalismo establece que hay cosas que las mayorías no pueden decidir es contar una historia incompleta: porque antes, en ausencia más que previsible de unanimidad al respecto, ha habido que tomar de algún modo la decisión sobre qué es lo que las mayorías no podrán decidir ; y después, por cierto, habrá que seguir tomando decisiones sobre la delimitación exacta de los confines sólo genéricamente establecidos a lo que pueden decidir.” Bayón Juan Carlos DERECHOS, DEMOCRACIA Y CONSTITUCION. editorial Trotta
  15. Pérez Luño, Antonio. Los Derechos Fundamentales. Madrid, Tecnos 1998. págs. 19-51. “Las normas que sancionan el estatuto de los derechos fundamentales, junto a aquéllas que consagran la forma de Estado y las que establecen el sistema económico, son las decisivas para definir el modelo constitucional de sociedad”
  16. Pérez Luño, Antonio. Los Derechos Fundamentales. Madrid, Tecnos 1998. págs. 19-51 “Así, se da un estrecho nexo de interdependencia, genético y funcional, entre el Estado de Derecho y los derechos fundamentales, ya que el Estado de Derecho exige e implica para serlo garantizar los derechos fundamentales, mientras que éstos exigen e implican para su realización al Estado de Derecho.
  17. Civilizar las Urnas: Conflicto y Control en las Elecciones Colombianas , 1830 –. 1930”, Texto de Eduardo Posada Carbó sobre las costumbres electorales desde el inicio de la República hasta 1930.
  18. La democracia consocionalista de JONATHAN HARTLYN implica cooperación entre elites, tiene una sociedad pluralista, hay una proporcionalidad entré las elites al momento de la distribución de los cargos públicos

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