Reseña: Gen pies descalzos y La tumba de las luciérnagas.

© Shōnen Jump

ANA PALACIOS BARRERA - JOSÉ SALVADOE CASAS - JHONNY ALEJANDRO RODRÍGUEZ MEJÍA.

Las siguientes líneas tienen por objeto la descripción y análisis de dos películas  que retratan los padecimientos de la población civil japonesa en el contexto de la segunda guerra mundial, a mediados de 1945, cuando EE.UU. combate a las tropas japonesas mediante el despliegue de la fuerza aérea.

En primer lugar se aborda la película de  Hadashi no Gen, esta obra cinematográfica llevada a las pantallas en el año de 1983, está basada en el manga del mismo nombre creada por Keiji Nakazawa, sobreviviente a la explosión  atómica  de Hiroshima. El manga se desarrolla en 10 libros a través de los cuales el autor no solo desarrolla la temática de Struck by Black Rain (las vivencias de los sobrevivientes a la bomba de Hiroshima) sino que además transmite sus experiencias junto a la odisea vivida por la familia de Keiji Nakazawa, quien fallece de cáncer de pulmón a la edad de 73 años.

La película muestra aspectos relevantes de la economía en época de guerra como por ejemplo: la agricultura, la soberanía alimenticia de las familias y su vital relevancia en la calidad de vida.  La familia, como eje central de la temática del filme, carga al espectador de sentimientos y reacciones de solidaridad, rechazo e indignación frente a los hechos ocurridos antes, durante y después del bombardeo de Hiroshima y Nagasaki.  A través de la película se revelan hechos aterradores sobre las estrategias de los países en conflicto en la segunda guerra mundial, pero, lo que más llama la atención del largometraje, es la profundidad con la que el autor retrata los vínculos y roles familiares en la tragedia.

Los hechos descritos van desde la aparente calma antes de la explosión pasando por los momentos estremecedores y aterradores de la calcinación de la ciudad hasta la tragedia de los sobrevivientes, especialmente del protagonista y los miembros de su familia.

La obra más allá de su riqueza como material cinematográfico,  es más bien,  una proclama de los perdedores, las víctimas de la segunda guerra mundial. Se nos enseñó en los libros de historia que el responsable de la guerra en el pacífico durante la segunda guerra mundial había sido Japón, su ataque en Pearl Harbor  desestabilizó al mundo libre; su afán de conquistar territorios en una  política expansionista  procuró  asegurar materias primas para su industria en auge a partir de la restauración Meiji, momento en el cual pasó de ser una economía feudal dirigida por el Shogun o generalísimo, a una economía fuertemente industrializada dirigida por el propio emperador Nipón;  proceso impulsado por las potencias occidentales que obligaron, de una manera u otra al país nipón,  a vincularse a la economía capitalista a finales del siglo XIX que hasta entonces había sido puerto restringido para el mercado global.

El amor reflejado en la película nos aproxima tanto a los personajes que es imposible no identificarse con estas relaciones. La familia fuente de alegrías, protección, felicidad, seguridad y un sinfín de posibilidades sufre lentamente los efectos de la guerra llevándola hasta su aniquilación. La película nos hace recordar los dos modos en que puede actuar el hombre: hacer  el bien o hacer el mal, depende del espectador evaluar cuál característica se desarrolla en la trama.

En esta misma línea se aborda la película titulada  La tumba de las luciérnagas, dirigida por Isao Takahata y estrenada el 16 de abril de 1988, basada en la obra de Akiyuki Nosaka, quien padece en carne propia la trama de la película, a saber,  la muerte de sus padres y su hermana, los primeros por bombardeos norteamericanos y la segunda por mal nutrición.

Este largometraje expone la vida de Seita, un joven que muere el 21 de septiembre de 1945 en una estación de tren, luego que Japón firmara días atrás su rendición. La trama gira alrededor de la sobrevivencia de dos hermanos, Seita y su hermana menor Setsuko, quienes por el conflicto bélico quedan huérfanos y deben asumir las riendas de su propio destino. En el transcurrir de los días, los dos niños se ven sumergidos en una lucha constante por mantenerse unidos, sanos, salvos y esperanzados pese a las circunstancias materiales en las que se encuentran, esto es, la indigencia, la enfermedad, la falta de techo y el desamparo de sus congéneres.

El filme evoca en el espectador un sentimiento de compasión que se torna en desesperanza y dolor cuando mueren los protagonistas. La riqueza del filme se encuentra en la crudeza como narra los hechos, en la claridad como relata la agonía, el sufrimiento y la desesperación que trae consigo la guerra y, especialmente en conjugar todo lo anterior en dos personajes que no superan los 15 años, lo cual aumenta la carga emocional del espectador.  En este sentido, nos expone la fragilidad y la finitud humana que se condensa en una pregunta de boca de Setsuko “¿por qué mueren tan rápido las luciérnagas?”.

Con respecto a las similitudes entre las películas, además de compartir el país en el que se desarrollan y la época de la historia que retratan, están enfocadas en las experiencias atroces que sufrieron las víctimas del conflicto, especialmente los niños. Los  padecimientos descritos en los filmes, tuvieron eco en los actores del Derecho Humanitario Internacional, y por esta razón organizaciones internacionales como la Cruz Roja, realizaron importantes esfuerzos después de la Segunda Guerra Mundial, para que los niños sean considerados personas protegidas en el caso de conflictos armados y los estados se vean obligados a asumir las consecuencias que trae consigo la guerra.  Como resultado del ejercicio de pensar en la protección general de la infancia y la adolescencia, los Convenios de Viena contemplan derechos específicos cuyo propósito es garantizar que historias como las narradas en las películas reseñadas no se repitan.

Sin embargo, actualmente son muchos los niños que padecen situaciones similares a las narradas en Hadashi no Gen y La tumba de las luciérnagas, en territorios de Siria, Gaza, Irak, Ucrania y aún en Colombia, la niñez soporta las atrocidades de la guerra y muchas veces es obligada a hacer parte activa del conflicto armado, como perpetradores de crímenes y actos de violencia.

Se puede decir  que la trama del padecimiento de la población civil durante los conflictos armados es materia de interés y análisis en el nuevo siglo, los sufrimientos retratados en las películas  aún son vividos por miles de personas en el mundo y una mirada a la historia nos ayuda a reflexionar sobre el valor de la niñez, la familia como base de la sociedad y el conflicto armado como escenario en el cual se viene desarrollando la sociedad colombiana.

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